minientrada Joanne Shaw Taylor, una dulce voz, una guitarra salvaje. GR76


Azkena Bilbao, 6 de abril de 2017

Buena asistencia el pasado jueves en el concierto que Joanne Shaw Taylor ofreció en Azkena Bilbao. Buena acogida en su estreno del fugaz periplo peninsular que le llevaría posteriormente a Madrid y Barcelona. Buen recibimiento en un día donde calles y avenidas de Bilbao transformaban su rutinaria fisonomía para acoger acontecimientos multitudinarios, lo cual afectaba sensiblemente al tráfico y quién sabe si a otras cuestiones, sin embargo poco influyó en el gentío reunido en la sala del ensanche bilbaíno a eso de las nueve de la noche. Una cuadrilla considerable, un número expectante. Acuñando el argot bicicletero (el día lo permitía) un nutrido pelotón frente a las puertas del recinto esperando la apertura de puertas, respondiendo a una llamada apetecible difícil de eludir. JOANNETal vez no tenga la sombra alargada o la carrera dilatada de otras figuras, pero desde el año de su debut discográfico la británica Joanne Shaw Taylor ha ido creciendo poco a poco, adquiriendo más experiencia, hollando nuevas cumbres y codeándose con alguna de esas estrellas antes mencionadas. Admito cierta inclinación por la chica. Reconozco que su gallardía nos sometió en ese debut. “White Sugar” supuso una especie de huida personal en una época no demasiado benévola, y sus continuas escuchas eran la compañía perfecta en minutos de soledad. Periodos, circunstancias, etapas. Así es la vida, that’s life, y ese examen lo aprobamos gracias, entre otros a Joanne. Esa era una de las razones por las que debíamos acudir al concierto. Bueno, para ser honestos era la razón fundamental, y aunque su carrera haya tomado (según algunos escribanos) caminos erróneos, uno siempre tendrá en cuenta que un “Blackest Day” puede andar al acecho.
Mediada la tarde pudimos meter el morro en la prueba de sonido y departir unos minutos con Joanne y los chicos de la banda gracias a la gente de Mundaka Festival, que junto a Mestizo Producciones y Mercury Wheels se encargan de este evento y este último de su viaje hispánico. Además el caso bilbaíno suponía una nueva jornada de presentación de un certamen que en estos momentos se encuentra ultimando nuevas incorporaciones, pero los nombres de Lee Fields & The Expressions, Beth Hart, Mando Diao, Quique González & Los Detectives (protagonistas en diciembre de una exitosa primera presentación) y otros como nuestros adorados Last Fair Deal (a quienes se pudo ver en medio del respetable amén de otros conocidos músicos locales) conforman un plantel suficientemente atractivo como para plantarse en la localidad famosa por su ola izquierda y disfrutar del paisaje, la gastronomía, sentir la agradable brisa del mar y bailar con atenuadas y aceleradas polifonías. Sobre estas y otras cuestiones charlábamos con algún aliado mientras esperábamos una aparición que no se demoró demasiado, y casi con puntualidad británica entre tinieblas fueron asomando uno a unos los músicos hasta que un foco se centró en la figura de Joanne. Comenzaba el show de Shaw. Iniciaba con la apertura de su última obra. Abría con un aperitivo llamado “Dyin’ To Know” que parece entusiasmar a unas primeras filas colmadas de cámaras fotográficas y demás dispositivos prestos a inmortalizar el instante. LUIGI & OLIVERTras la alegre introducción a ritmo de boogie y los primeros aplausos, la británica recuerda que viene con muchas ganas y nada que perder (“Nothin’ To Lose”), banda sonora perfecta para coger carretera y gritar libertad, meditar o caer rendido ante el poderoso desarrollo tantas veces imaginado y por fin disfrutado en vivo. Echamos de menos los ecos femeninos que aparecen en la grabación de “Wild”, pero para eso estaba el personal contribuyendo con la coral. Primer cambio de Telecas en “No Reason To Stay”, primera plegaria perfectamente acompasada por sus eficaces compañeros: Luigi, el acróbata de las cuatro cuerdas que se entregó en todo momento, Drew aportando continuidad y profundidad con teclados, guitarras y voces, y Oliver, el atrincherado del conjunto tras un enorme metacrilato y sus plateados tambores.
A esas alturas los asistentes ya tenían cogido el pulso a una actuación que transita entre el shuffle texano y el sonido de Chicago, entre los malditos (benditos) doce compases y sugestivos ritmos bailables. Entre inmensos acantilados (“Diamonds In The Dirt”) y ardientes melodías (“Watch ‘em Burn”), maravillosa oportunidad para volver a quedar cuasi petrificados con la destreza de Joanne a la guitarra, estupenda ocasión para ceder nuestra privilegiada posición y disfrutar el concierto bajo otro punto de vista. Retrocedemos con la mirada centrada en el escenario y sabedores que desde esa perspectiva puedes captar detalles que desde las primeras filas se escapan. JOANNE & DREWEstampas, figuras, recuerdos. Añoranzas, suspiros, alientos. “Time As Come”, otra pieza que transporta a un onírico vergel conducida no sólo por la salvaje guitarra, sino por la dulce voz de Joanne que somete a la audiencia con continuos desafíos. Puntualicemos. Algunas veces bien recibidos, en otras se podían adivinar ciertos semblantes de hastío. No pasa nada, nosotros siempre transmitiremos las buenas vibraciones, la sensualidad, el ímpetu. El compromiso, la pasión. Siempre dispuestos a “Ready To Roll”, una purga que hostiga y obtiene la respuesta de un complaciente público en constante movimiento, pudiendo apreciar desde el nuevo puesto de vigilancia la indómita marejada producida por brazos y cabezas. Sabíamos que se acercaba el final de una provechosa velada, y “Tied & Bound”, una crepitante espiral que nos enganchó años atrás (en esta ocasión perteneciente a “Almost Always Never”) hace acto de presencia. Vigor, sudor, ardor. Majestuoso Drew con unas espirituales teclas, solemne Joanne con una intensa y abatida guitarra. Una solícita Les Paul que emociona y consigue el griterío de un personal en gran parte rendido ante el pundonor de una banda que por momentos muestra el cansancio de una gira que, al igual que el día de autos, está llegando a su conclusión, y para ello nada mejor que finalizar con “Goin’ Home”. Su bienvenida al mundo del rock utilizada como despedida. Otro incipiente boogie para coger carretera. Otro ritmo para soñar con Joanne.

Rafa Robledo

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