minientrada James Room & Weird Antiqua saludando a las estrellas. GR76


Teatro Campos Elíseos (Sala Cúpula) 4 de marzo de 2016

Es invierno y la lluvia se ha colado implacable en nuestra rutina, desafiante y por momentos provocadora. La lluvia es emoción, es consuelo, puede ser tristeza pero en su interior alberga vida. Es nostalgia y esperanza. Es Tom Waits. Es James Room & Weird Antiqua, es Izar&Star. Cuando supimos de la existencia de este proyecto no dudamos por un segundo, y nuestra presencia se antojaba cuasi obligada a pesar de que en días sucesivos conocíamos otros señuelos que podrían hacernos dudar, pero somos de ideas fijas, somos obstinados y consecuentes con nuestras propias consecuencias. Como la lluvia. _MG_2088Sensaciones del ayer, impresiones de hoy, huellas de un pasaje perdido hacia Pomoma haciendo escala en Donosti que afortunadamente al cabo de unos años hemos cumplido, y aun sin contar con la presencia del señor Waits disfrutamos con su esencia, con su poesía, con sus poses y por momentos su voz cazallera. Esos son los regalos que afortunadamente recogemos en cualquiera de las sesiones del ciclo Izar & Star, una suerte de altar musical donde bandas y solistas de nuestro entorno ofrecen personales tributos a santos paganos, a ortodoxos diablos, a figuras del rock ‘n’ roll.

No hay mucho misterio, que alguien pensará. Juntar una serie de canciones de afamados rockeros y reinterpretarlas. Esa es la cuestión, ahí está el misterio. No caer en la obviedad y hacerlo con tanto descaro como respeto, llegar a los corazones de aquellos que te siguen y conseguir nuevos adeptos por una causa que a nosotros nos tiene enganchada tiempo atrás. _MG_1747Sí, reconozco que desde que oímos por vez primera la enigmática voz del caballero nos tiene ganados, desde esos primeros versos de taberna, desde las primeras gotas de bourbon y sudor, desde las profundas notas de sus fábulas, desde los tenebrosos blues que recita o sus tesis sobre el amor, el desamor, el pecado y el perdón… o la sucesión de relucientes flashes que irradian sus canciones… ¿Tom Waits o James Room? ¿James Room o Tom Waits? Si tengo que elegir, me quedo con los dos, y ese lluvioso primer viernes de marzo tendríamos la posibilidad de ver a uno escuchando a otro, sentir a uno hipnotizados por el otro. Pero siendo honestos con el desarrollo deberemos hablar de Pierrot, alter ego de Jon Urrutia, que se sumaba a la fiesta apropiándose por unos minutos del cancionero de The Tallest Man On Earth, otro alias, en este caso para el sueco Kristian Matsson. Llegábamos al local sin la lección bien aprendida, con exiguas informaciones sobre uno y otro y leves escuchas en las plataformas digitales, aunque en alguna ocasión Pierrot ya había sido visitado, y podríamos garantizar que su aparición mantuvo el equilibrio entre canciones ajenas y propias, defendiendo tonadas sensuales marcadas por la acústica en la inicial “There’s No Leaving Now”, la entusiasta “King Of Spain” y la despedida iconoclasta de su “Living For Today”.

Momentos de preparativos, instantes de nervios y autoconfianza, pues los chicos se enfrentan a un duro examen que al menos por nuestra parte intuimos van a sacar adelante con una muy buena nota. No vamos ahora a descubrir al californiano, pero el bilbaíno tiene un sugerente savoir faire y una incisiva expresividad que le confieren cierta singularidad. _MG_1937Un tipo que se rodea de buenos amigos y grandes músicos con gran variedad de registros, esos que han dejado grabados abriendo camino en un debut discográfico impactante. Recomendable. Indispensable. Como la lluvia. Como las lágrimas que nos recuerdan, nos alertan, hasta nos alegran la vida, “Make It Rain” debía aparecer, debía estar entre las elegidas y no faltó a la cita con su ritmo arrastrado, crápula, mordaz, con el aporte de la siempre pizpireta guitarra del Malamute, aka Aitor Zorriketa, con quien sorprende a más de uno en una apasionante génesis a dúo, preludio a una velada fuertemente coreada y valiente. Desde las primeras notas de “Blue Valentines” un continuo escalofrío se instauró en la médula, en la epidermis, en el alma, y la banda iba paulatinamente añadiendo más notas de riesgo, más cotas de vértigo con “Heartattack And Vine”, el requiebro, la insinuación que se reflejaba en el rostro de James, en el contrabajo audaz de mister “Gabo” Brown o en la armoniosa armónica de Pablo Almaraz. Dejando olvidados algunos inconvenientes, la banda muestra aplomo y contagia vitalidad, va incorporando arreglos sutiles, llenando el espacio virtual de sonidos cautelosos (“Ice Cream Man”), festivos (“I’ll Be Gone”) o candentes cuando se acercan a su “Jailed Lion”, el ritmo latino que les aúpa a recoger premios, a estar en la pomada. Muchas canciones, muchas etapas. Demasiadas para un tiempo limitado (James dixit), sin embargo se esforzaron en atrapar lo invisible, en desarbolar al más osado con la crudeza de “Chocolate Jesus” o el anterior impasse junto a Naiel Ibarrola y su piano en “Johnsburg, Illinois”, precedida de un “Alice” emergente, apasionada con el piano, con la armónica, con una voz empastada que seduce como no podía ser de otra manera. Y las lágrimas siguen acariciando los semblantes del personal, vuelve la lluvia, aparece un “Rain Dogs” místico, teatral. Minutos de burlesque en el Campos Elíseos. Como dice el caballero un tributo a Waits puede entrañar varios enfoques, y cada uno podría confeccionar un listado que distara bastante de otro, pero hay una canción que en la gran mayoría de esos hipotéticos guiones incluiríamos sin pestañear: “Ol’ 55”. Sublime. Irresistible con la ayuda, soporte, eficacia percusiva y calidez vocal de Iñigo López. Como en la bienvenida, despedida a dúo, esta vez junto a Gabo, el megáfono y el grito desesperado de libertad de “Anywhere I Lay My Head” y una gran virtud a resaltar: Sentimiento.

Se cierra el círculo, termina el capítulo del señor Waits y sus poesías, sus canciones desnudas, canciones engalanadas, canciones complacientes e introspectivas. Historias medidas y meditadas en un ejercicio de honestidad al que nos tienen acostumbrados no sólo los nombrados, sino todas las formaciones que nos obsequian con brillantes repertorios en Izar & Star. Aplausos y agradecimientos. Lluvia y lágrimas. Emoción.

Rafa Robledo

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