Con la gira de su décimo aniversario emprendida y deseando cerrar más fechas, con la tremenda alegría de hacer un desplazamiento transoceánico en agosto y viendo que la formación va adquiriendo mayor relevancia en el circuito, los bilbaínos Amann & The Wayward Sons acaban de publicar “Air Creation”, quinta grabación en estudio que refrenda su idea siendo, además, una especie de reparación. Es empeño y confianza, es una amargura revertida en fe y decisión que, desde luego, está muy madurada pues tanto su gestación como fabricación y posterior distribución tienen sus porqués. En realidad lo hemos explicado un par de veces o tres, ya que, aparte de una banda de rock de recomendable exploración, es una sociedad a la que hemos dedicado unas pocas líneas no solo en este último tramo, sino desde su irrupción. Resulta que la gira anterior por tierras británicas no concluyó como tenían previsto terminara debido a un inesperado problema mecánico en su medio de transporte, pero la adversidad devino en mayor compromiso y responsabilidad por parte de los implicados. Fue una pausa fructífera, un rayo de esperanza que significaría la génesis de su siguiente entrega.
Que, dicho sea de paso, viene marcada por su taxativa postura hacia una industria displicente con autores y artistas. De ahí su plante ante diversas plataformas de streaming que obtienen grandes beneficios a costa de una arbitraria explotación, eso sí, con la salvedad de Bandcamp a la que recurren por mayor fiabilidad. En cuanto a su edición, optan por la única tirada en formato vinilo eso sí, con el correspondiente código que permita realizar una descarga digital a quienes adquieran un lote calificado Deluxe. Cuidan al público y se lo curran, eso es incuestionable, y cada capítulo ofrecido por parte de Amann & The Wayward Sons ha sido un paso adelante en su singladura particular. En esta ocasión, ese avance se podría encontrar en “Water We Are/Ura Gara”, canción que fusiona raíces y muda de piel, pues los susurros del alma sureños se abrazan magistralmente con instrumentos del folklore vasco como la txalaparta, el pandero cuadrado y la alboka al tiempo que, en una expresiva y repentina metamorfosis, Jon Ander Madina recuerda en euskera que somos agua y que, cuidando el planeta, directamente nos cuidamos. Un aviso a navegantes, que dice el dicho popular. Ni mucho menos es el único ejemplo de personalidad, porque todo el álbum rezuma carácter manteniendo su independiente conducta.
Cualidades de Pablo Amann que, aparte de contribuir con su nombre, es el compositor principal, cantante y guitarrista de una maquinaria cuyo eje de transmisión se compone de dos piezas fundamentales como el baterista Txema Arana y el bajista Jon Ander Madina así como una no menos sustancial, el pianista y organista Israel Santamaría . Por varias razones están obteniendo la aprobación de la gente en general. Confían en su intuición, contagian buen rollo y en sus funciones transforman la energía estática en cinética gracias a canciones absolutamente delirantes como “In The Cove Of The Dead Corpses” que obviamente aún no hemos catado en directo, pero llegará el día más pronto que tarde. El desgarrador dobro de Pablo Amann aprisiona de la misma manera que su impetuoso bottleneck, los misteriosos aires de Louisiana sobresalen y de repente, un órgano catalizador transmite toda su sensualidad. Vudú. Ecos acústicos, eléctricos temblores. Agitación. Teníamos ciertas sospechas sobre el papel del bueno de Israel Santamaría en el nuevo trabajo de los hijos descarriados, pero quedaron despejadas en los aperitivos que tuvieron a bien compartir durante el pasado ejercicio: “To Good To Be True”, “Show Up Around”, “The Drifter” y “Mystery Woman”. En todos ellos la presencia del órgano se vislumbraba esencial surtiendo, en el caso del penúltimo, psicodelia mientras en el primero, y junto a líricas ceremoniales, un rock de idéntica escala. En los dos restantes lo encontrábamos determinante, si bien “The Drifter” escondía espaciosos pasajes y “Mystery Woman” aportaba súbitas tiritonas.
Desde la bienvenida vía “Black Monday” hasta el sorprendente epílogo “Stuck On A Farmes” dispuesto como bonus track y al que el productor Emi Bares agrega un solo de guitarra, el contenido es suficientemente ilustrativo del universo musical de Pablo Amann y, por lo tanto, de The Wayward Sons. Por cierto, esa última creación de aires vanguardistas está inspirada o, mejor dicho, es fiel reflejo de aquella experiencia vivida en Inglaterra y, ayudados por su profundidad coral y sugestiva carga polifónica, podríamos alcanzar la conexión emocional. Hasta la fecha no han bajado la guardia y, aunque deban hacer (como un alto porcentaje de artistas) equilibrios o números de prestidigitación con sus respectivas agendas personales o laborales, persisten en la pauta marcada, remarcada y subrayada en su santo sanctórum: “Blues Rock From The Gut”. Y podríamos asegurar que nunca han decepcionado porque a su fórmula sonora añaden detalles o concienzudas reflexiones sobre la naturaleza humana que, en demasiadas ocasiones, comprobamos que lamentablemente desdeña esa cualidad. Quizás “Air Creation” carezca de una composición bajo esos preceptos, pues la trama va por otros derroteros, si bien inspecciona todo lo referente a la conciencia, a la materia, a los propósitos y sentimientos como refleja “Somebody Show Me How To Love Me”, título cuyo significado no hará falta esclarecer.
Ahora, aquí también advertimos nuevas tácticas o al menos diferentes rumbos. En su conjunto, es una pieza fresca y bailable con constantes giros que le confieren varios pelajes, pues se adecúa perfectamente a numerosas corrientes. Por otra parte, especialidad de la casa. Aun así, las concisas baquetas de Txema Arana promueven el groove mientras el desenvuelto órgano establece originales medidas que refuerzan el temperamento de la compañía. Vuelven a confiar en Iñigo Escauriaza y El Submarino Records para registrar el álbum, avanzan y necesitan volar. Y para ello, nada mejor que surcar (de nuevo) el espacio mediante “Interstellar Trip” explorando el firmamento y las estrellas, abandonando por unos minutos un mundo que se desvanece flotando en la oscuridad, tal y como cita la canción. Puede ser una alegoría viendo que el planeta está hecho unos zorros o puede que sea una mera especulación, ¿quién sabe? Ahora, es absolutamente indiscutible que esta tripulación tiene en mente explorar los vericuetos del globo terráqueo y del rock and roll consolidando su candidatura con los medios de que disponen: trabajo, voluntad y canciones como las que integran el álbum. Un recorrido intenso, un proceso inspirador y una meritoria colección de evocaciones, añoranzas y resistencias que simbolizan el pacto secreto de Amann & The Wayward Sons no solo en el plano personal, pues su enroque ante la tiranía fabril (o atropello febril) engrandece su talla artística. Un callejón con salida, un grito de libertad.

