Hay multitud de razones para distinguir o asignar diferentes fechas como señaladas, y el viernes 13 es uno de esos días, sobre todo para la cultura anglosajona. A partir de ahora podemos otorgar otra peculiaridad: los hermanos Robinson publicaron, en marzo de 2026, “A Pound Of Feathers”, consiguiendo en tan solo veinticuatro horas infinidad de comentarios, diatribas, indirectas, desencuentros, peloteras, perplejidades o asensos. En conclusión, The Black Crowes es una banda querida que, en un sentido o en otro, no deja indiferente a nadie. Además, tanto intercambio de pareceres significa que, a no ser que se hable sin conocimiento de causa, el álbum se está escuchado y provocando el interés del personal o cuanto menos, una interesada mención. Curiosamente “Happiness Bastards”, su hasta ahora última entrega tardaría un par de días más en salir al mercado y se estrenarían vía “Shake Your Money Maker” otro 13 aunque no fuera ni viernes ni marzo. Fue hace treinta y seis años, y durante mucho, mucho, mucho tiempo estuvieron sobrevolando el mundo en su globo aerostático hasta que poco a poco fueron perdiendo aire y hubo una desconexión.
La vida es una dura y arriesgada carrera de resistencia, no una prueba de velocidad, y durante esa carrera surgen obstáculos, podrían hasta presentarse por propio requerimiento, hay ocasiones en las que has de pasar el relevo u otras en las que ese relevo se rebela. Ahora, si existiera, por muy remota que se encuentre esa posibilidad, alguien que tire piedras contra su propio tejado… En ese caso, solo podemos callar, pero en el que nos ocupa, es decir, The Black Crowes, vemos muy difícil que suceda, porque su discografía está llena de canciones memorables, canciones que nos han acompañado en los buenos momentos, otras que nos han auxiliado en otros y si acaso, puede que existan otras de menor calado. Ahora, los queridos cuervos nunca deberían defraudar o generar tanta crispación. Al menos para quien suscribe por una serie de motivos que sería aburrido enumerar, pero que aglutinaremos en el principal: BLUES IS BLOOD. Ese slogan que de antemano era una referencia y continúa siendo una gran fuente de inspiración, aparecía en una camiseta que lucía Jeff Cease en el video de su primer pelotazo, y desde ese momento firmamos un juramento tácito y confidencial. Ahora, lo cortés no quita lo valiente, que dice el refranero popular.
Ni mucho menos significa que traguemos con todo o que en determinadas circunstancias nos invada la incredulidad, pero procuramos ser ecuánimes y, ante todo, fieles a nuestros principios. Por otra parte, las críticas desaforadas no son bienvenidas ni compartidas porque este es un asunto serio. Puede ser recurrente incluso jugoso también, pero no debería resultar tan frívolo como pueda parecer. ¿Previsibles los Black Crowes? Conste que lo hemos leído y escuchado no ahora, sino hace demasiado tiempo. ¿Reiterativos? Otra desacertada apreciación que les persigue, siempre bajo nuestro punto de vista, claro. ¿Uniformes? ¿Planos? ¿Acomodados? Francamente, estamos perdiendo el norte. Ahí tenemos, por ejemplo, el enigmático epílogo “Doomsday Doggerel” que, aun siguiendo la línea de pasados experimentos o de algunas alineaciones fetiche, transmite una sensación de absoluta suspensión. Ni son los jóvenes intrépidos de antaño ni el resto tenemos la misma actitud ante la vida de décadas atrás. Vas avanzando en la vida y vas incorporando, como dice la hermosa “Pharmacy Chronicles” que ya teníamos escuchada con antelación, perfume, champán y pecado, si bien la trama de la canción tiene más enjundia. Además, un conmovedor slide contribuye al escalofrío.
Hablando de, su gran pecado ha sido (o ha debido ser, vista la retahíla de reproches) su complicada relación fraternal, con sus compañeros o con diversas corporaciones a lo largo de su carrera artística. Al parecer aquí nadie ha tenido divergencias con familiares, en sus relaciones personales o en el trabajo, y con frecuencia señalamos los posibles borrones de enfrente mientras ignoramos los propios. Tal vez por ahí vaya una provocativa “You Call This A Good Time?” que suponemos inevitable en sus actuaciones, pues reafirma su identidad musical y demostrada solvencia en los ritmos intensos que asimismo despliegan en frecuencias melancólicas como “High & Lonesome”, un ejemplo más de novedad en cuanto a las nociones esgrimidas o treguas acústicas tipo “Queen Of The B-Sides” que ennoblecen su proceder. Las canciones de los Crowes versan sobre la vida y sus condiciones, mientras su abecé musical sigue regido por instructores y maestros como queda reflejado en el preámbulo “Profane Prophecy”. Sintomático. Determinante. Preciso. Sin duda alguna estamos ante a un conjunto patrimonial y, pese a quien pese, un conjunto que no dilapida su leyenda ya que continúa añadiendo capítulos de fuste a su obra y manteniendo su extraordinario poder de seducción con ejemplos como “Blood Red Regrets” que sí, vale, quizás pienses o impugnes en su cargo que es un calco en vez de una invención, pero tu estado de ánimo puede experimentar un incremento significativo.
¿Podría suceder algo parecido con una “Do The Parasite!” coreando ‘talk is cheap’ hasta la extenuación? Bastante probable. ¿Y con “Cruel Streak”? Seguramente también, porque en ambas las guitarras tienen la envergadura que ha caracterizado a los Black Crowes y les encumbrado a lo más alto del escalafón internacional. ¿Y qué podemos decir de “Eros Blues”? Deliciosa. Volátil y espacial con un Fender Rhodes que planea aportando trascendencia al tiempo que los expresivos coros raciales se incrustan en el alma y un electrizante espasmo recorre la médula espinal. Con en estas pautas, bajo estas premisas y con estos requisitos han imaginado su edén particular y se han ganado la reputación de tipos arrogantes que arrastran tantas fobias como filias. En tres palabras, “It’s Like That”, otra canción marca de la casa en la exponen sus convencimientos e ideas homenajeando, como han venido haciendo en su dilatada trayectoria, a sus instructores musicales y a sus guías espirituales. Es solo rock and roll, que formula una célebre canción. Es orgullo e ímpetu, verdad e ilusión, siendo, por supuesto, tan subjetivo como una opinión u objetivo como una sensación que bien podría ser tan liviana como una pluma, si bien las plumas de los Black Crowes pesan, pinchan y son perennes.

