Treinta y seis años cumple hoy una de las piedras angulares del rock contemporáneo y de la música en general. Treinta y seis años desde que caímos abducidos por los hermanos Robinson y sus compañeros de entonces, Steve Gorman, Johnny Colt y Jeff Cease más Chuck Leavell. Treinta y seis años de un soberbio estreno producido por el ínclito George Drakoulias. ¿Recuerdas tu vida de entonces? Puede que estuvieras en plena adolescencia o infancia, igual no lo recuerdas porque no habías nacido aún, puede que en edad universitaria o ingresando en el mercado laboral… Treinta y seis años que, mirando hacia atrás, han pasado a velocidad de vértigo. Para ellos también. Y como seguiremos defendiendo, los hermanos son los jefes y, pese a quien le pese o quien no lo termine de entender, los dueños del copyright.
Los rumores, los enredos, las controversias, los inconvenientes y demás singularidades, para otra gente. Que levante la mano quien no haya sufrido engaños o haya engañado, quien no haya caído en arenas movedizas o se haya movido continuamente, quien no haya atravesado malas rachas, polemice o se enzarce en disputas familiares. Y eso, bajo nuestro punto de vista, pertenece al ámbito personal. A nosotros nos interesa el rock n’ roll. Nos interesan canciones como “Jealous Again” o “Twice As Hard”, como “She Talks To Angels”, estremecedora historia de una madre que pierde a un hijo, no logra superar su pérdida y se refugia en el mundo de las drogas, alardes como “Struttin’ Blues”, arrebatadoras melodías tipo “Thick n’ Thin” o momentos de dulzura como “Seeing Things”, donde el sonido inconfundible de un Hammond logra emocionarte y erizarte la piel conduciéndote a una ceremonia baptista gracias a robustas armonías vocales con las que podemos distinguir todas esas influencias que otorga el sur de USA, que son básicamente las fuentes donde han bebido los hermanos.
¿Qué nos llamó la atención de esa nueva banda de muchachos? En principio, su desvergüenza y sugerencia musical en la que también tenían cabida fisonomías británicas. Una mezcla perfecta de orgullo y confianza, una definida línea divisoria entre el sosiego proporcionado por canciones como “Sister Luck” con las que entras en un estado de ingravidez y la despreocupación corporal de “Could I’ve Been So Blind”. La escalofriante voz nasal de Chris fue también determinante. Tal vez no sea la más académica, pero denotaba pasión y sentimiento soul, y por supuesto el entramado instrumental, en el que cada uno de ellos exprimía sus virtudes. Pero si hubo algo, si percibimos alguna señal específica, algún detalle que nos embaucaría, fue el single “Hard To Handle”. Concretamente, el videoclip que en aquellos momentos era material imprescindible para bandas y artistas y tres décadas después se ha convertido, al igual que las ventas de discos, en una entelequia. Hoy las bandas venden camisetas, tazas, carteles, parches, posters, chapas… Hablando de camisetas, en ese video aparece el slogan BLUES IS BLOOD en una de ellas, y continúa siendo el lema que rige nuestro camino.

