Sábado 17 de enero de 2006 en Nave9, Bilbao
Un cuarto de siglo, cinco lustros, o las tan rimbombantes bodas de plata no son más que recurrentes perífrasis o artimañas habitualmente utilizadas cuando, por el motivo que sea, surgen los veinticinco años que, precisamente, son los vividos por Cordura en esta odisea del rock and roll. Nostalgia o vértigo si miras a través del retrovisor pues, aunque el tiempo se consuma sin apenas darnos cuenta, exprimimos cuanto podemos el tiránico reloj. Sin embargo, ellos han observado o han ido calculando este ciclo vital en presente o más bien en “Presente vs. Pretérito Perfecto”. Hacía tiempo que no la escuchábamos, por cierto. Un flashback. Un acierto incluirla en su vigésimo quinto aniversario celebrado en Nave9 de Bilbao, porque los recuerdos, el subidón y los escalofríos experimentados cuando parecía que la gala finalizaba y recurrieron a una de sus primeras canciones, acrecentaron la humedad de un local cuyas cristaleras estaban empañadas debido a la diferencia térmica entre exterior e interior. Hasta ese momento Anero, cantante y organista de la formación, agradeció constantemente las muestras de cariño recibidas durante su periplo, a la asistencia en un inclemente día en el que, además, compartían (aquí no se compite) calendario con varias programaciones repartidas en el botxo y alrededores en las que estaban involucrados amigos y desde luego, a sus compañeros de batalla Beko, Michi y Unai.
A la fiesta se unieron los madrileños Onirya que, con su fusión de rock progresivo, onírico o experimental, tenían la misión de calentar a un público de por sí caliente e impaciente por conmemorar la onomástica de los bizkainos. Deberíamos aclarar que íbamos un poco a ciegas porque, salvo unos minutos escuchados a través de plataformas digitales, nuestro conocimiento sobre los chavales era insuficiente y poco favorable a tener una apreciación ecuánime, pero sí podemos asegurar que toda aquella persona que sube a un escenario tiene nuestro más absoluto respeto. Más tarde comparecerán los gustos, las controversias y hasta las aprobaciones, pero hay que echarle valor. Hay que tener fe en tu oferta, en tu obra, en tus intenciones, y eso es precisamente lo que percibimos. Autoconfianza, seguridad, muchas ganas y según lo manifestado, mucha ilusión por actuar en Bilbao siendo los partenaires de una banda como Cordura. Quizás los nervios hicieron acto de presencia o quizás sea una conjetura particular con poca base, vaya usted a saber, pero bajo nuestro punto de vista hubo pequeños lances de confusión que supieron gestionar y superar completando una buena intervención. Probablemente tengan un largo recorrido porque tiene mérito su rollo.
Digamos lo que digamos, como lo digamos o cómo lo digamos, acarreará interpretaciones incluso discrepancias. No problem. Ahora, cuando hablamos de una aventura que lleva la friolera de veinticinco años, pocas suspicacias debería entrañar. Cuando hablamos de cordura, inmediatamente pensamos en la facultad mental y cuando mencionamos a Cordura la mente nos faculta a emprender un viaje por un cosmos imaginario, a profundizar en un abismo de parábolas, resonancias, simetrías, alternativas, vanguardias y nirvanas que favorece el correcto funcionamiento de las neuronas. Igualmente hablamos de alambres de espino y cuerdas de equilibrio, pero sobre todo hablamos de leyendas del producto de proximidad, con lo cual reúnen requisitos ‘sine qua non’ para ejercer de profetas en su tierra participando en el festival que ahora mismo estás pensando. Y ya que recurrimos al latín, “Carpe Noctem”, uno de sus últimos proyectiles, sería el encargado de abrir la performance mientras “Todo es Mentira”, la que abrió la Caja de Pandora dos décadas atrás, sería utilizada para la apoteosis final con la gente enfervorizada, gritando, vitoreando y llevando en volandas (literalmente) al amigo Anero que compartió micrófono con las primeras filas y acabaría casi sin aliento. Éxtasis total.
Oficiar un convite de ese fuste rodeados de gente afín (vecinos de Cantabria se sumaron también) nunca será un “Camino a la Perdición”. Más bien una recompensa a la perseverancia, una especie de “Objetivo Cumplido” que ni mucho menos viene a decir se haya apagado la llama, puesto que están preparando nuevo material que dé continuidad a “Noche Polar” (maravillosa con la colaboración de Iker Atxaga en la guitarra acústica), a una envolvente “Brisa” que trajo consigo corrientes alternas y mucho movimiento entre la concurrencia o una “De entre los Muertos” que hizo resucitar espectros y lémures debido al acaloramiento general y, por supuesto, a un desarrollo persuasivo, psicotrópico y underground proclive a ese estado espiritual que, sin duda alguna, se extiende a la práctica totalidad del repertorio de Cordura. Su gran logro. Su escapatoria y su feudo. Su proposición. De ese nuevo material al que hacíamos referencia dieron algunas pistas por medio de “Ultravioleta” y algunos indicios más, siendo el foco principal del atractivo merchan que llevaban consigo y, afortunadamente, vendieron en abundancia. En el espacio (temporal como dice la canción) entre la introspección, la visceralidad y la razón es donde se sienten cómodos y donde maduran ideas para defender, por ejemplo, “Causas Perdidas” o para continuar explotando viejas estratagemas tipo “La Tormenta de Hielo” que sometió, arremetió y metió aún más al público en la órbita giratoria del cuarteto mostrando la rotundidad de Unai con platos y timbales, las fundamentales cuatro cuerdas de Beko, el incesante ímpetu de Michi con las seis de la guitarra o la picardía de Anero… Y llegaría el portentoso binomio adicional relatado, con la gente rendida pero nunca desfallecida que aun extasiada, recitaba los versos de “Presente…” dando por concluido el recital con un severo esguince cervical. “Todo es Mentira” pero Cordura es real.







