Ya sea por interés personal, por desmedida necesidad o porque con el transcurso de los años se convertía en una codiciada ilusión, puede que el retorno de Gluecifer sea un obsequio a tanta persistencia o un simple acaso de la providencia. Fuere como fuere, la satisfacción por la llegada de “Same Drug New High” es una superlativa noticia. Además, en esta jurisdicción planetaria creció aún más el deseo después de sudar, gritar, vibrar o soñar con la probable llegada de nuevo material de los noruegos tras su aclamada actuación en una atónita explanada de Mendizabala. Atónita por las inconfundibles muestras de emoción, por el fuerte oleaje de puños, pulgares y brazos y porque apenas se veían deserciones, no porque la gente no imaginara que fuera absorbida por la fuerza centrífuga de su enérgico rock & roll. Fue una especie de traslación al pasado, una congruencia cuasi sobrenatural que muchas personas presentes no olvidarán fácilmente. Durante los días previos o posteriores, las cábalas comenzaron a cobrar sentido y especulábamos con la llegada de buenas nuevas porque los tíos nos ayudaron en recobrar la esperanza. Debían volver, que exigía el hipotálamo izquierdo mientras el otro pedía calma y prudencia.
Siete años y medio han pasado desde aquella extraordinaria noche de verano en tierras alavesas, unos pocos más (casi veintidós) desde su última grabación, y este resurgimiento viene representado por un desafiante gallo que se encarga de cantar a los cuatro vientos “Same Drug New High”. Sea de pelea o un orgulloso gallo de corral, la batalla está asegurada como así lo advertía “The Idiot”, la avanzadilla del álbum que meses atrás comparecía demostrando que la banda no perdió su identidad o un ápice de poder de su época gloriosa. Siguen al pie del cañón el inefable Biff Malibu a cargo del micrófono principal, los guitarristas Captain Poon y Raldo Useless, el baterista Danny Young y como quinto integrante, el bajista Peter Larsson que se uniría al quinteto en aquella gira de reunión que los llevaría, entre otros destinos, al Azkena Rock Festival. Nos atreveríamos a asegurar que la expectación sobre el nuevo disco era acentuada ya que el hueco dejado, no solo en el rock escandinavo del que eran y evidentemente son válidos exponentes, sino en el contexto mundial, todavía no había sido ocupado por nadie aunque ardientes artistas en esas gélidas latitudes hay. Ardientes son la canción titular que en tres minutos de duración emite porciones de euforia y proporciones de voluntad, “I’m Ready” que en tan solo dos palabras resume su ralea o “Mind Control” que alberga trazas parecidas en sus tres secciones: enunciado, significado y desarrollo. Puede que su ritmo palpitante, sus guitarras compactas y urgente modulación que requiere el compromiso colectivo, sean sus mejores activos y hasta podría ser que estuviéramos ante un potencial y siguiente single. Desde luego, papeletas para ello tiene.
La categoría de single tenía, tal y como ya hemos señalado, un “The Idiot” que también se encarga de abrir el disco por medio de un fuerte estallido de platos y timbales, posterior y revelador rasgueo de guitarras, firmes y arduos ataques de las cuatro cuerdas, y los bramidos, las vertiginosas e impertérritas reprimendas del chamán de la congregación. A partir de ese instante la gente va a enfrentarse cara a cara con una banda que no ha aplacado sus ansias a pesar de haber hibernado durante una larga temporada. Quizás haya quien especule con las expectativas y hasta con las confianzas, pues es innegable que tanto tiempo sin novedades por parte de Gluecifer ha sido una ambigua odisea para sus incondicionales. Por un lado, el grado de felicidad por un reencuentro que resumiríamos, por ejemplo, en “Armadas”, es totalmente cristalino puesto que si sospechabas que regresarían al punto exacto donde amarraron la nave, has acertado, ya que la mencionada recupera viejas conductas abriendo nuevas aventuras. Indiscutible fervor por el patrimonial rock & roll, por los precipicios abismales de la sempiterna energía, por el sometimiento de ritmos estrepitosos, guitarras pendencieras y la ración justa de chulería, algo que sucede también en “Mind Control” pero eso ya lo hemos dicho, ¿no?
Si por el contrario, pensabas que tanta demora podría resultar contraproducente para sus intereses y que tal vez este retorno les pillara a contracorriente, aconsejaríamos no pierdas un minuto en superficiales juicios de valor y concentraras los cinco sentidos en el demandante rock & roll austral “Made In The Morning” que, de un plumazo, desmantela cualquier atisbo de escepticismo dado que en su interior hay agallas así como varios y eficaces ramalazos que vienen a corroborar la calidad de unos tíos por los que no pasan los años. En las provocativas guitarras empleadas en “The Score”, paradigma de ráfaga metálica con visos de ser punto álgido en actuaciones, ya que con toda seguridad originará multitud de histerias. En el imaginario resplandor que ilumina “Pharmacity” trazando líneas psicodélicas, o en la diligencia e intensidad de “1996” que, evidentemente, nos traslada a ese periodo. En los brillantes destellos ofrecidos en “Another Night, Another City” que aborda, como es de suponer, la azarosa vida en la carretera o en la misteriosa, rebelde, luminosa y deferente “On The Wire” que remata este nuevo episodio de Gluecifer obligando a mantener la atención, pues encierra varios misterios que tan misteriosos no son, porque el rock & roll nos mantiene vivos y atentos, el rock & roll es una válvula de escape a tanta crispación. Es, en pocas palabras, “Same Drug New High”.
