El tiempo es, o debería ser, nuestro bien más preciado ya que no solo es un concepto o un sentido que nos da, valga la redundancia, sentido a la vida. El tiempo es salud, felicidad y melancolía también. El tiempo es libertad, es dependencia, es constante e incierto, un dilema y certeza a su vez. El tiempo pasa muy deprisa, demasiado quizá, y sin embargo hay esperas que se hacen infinitas. Hay consuelos, hay aprietos, existe la paciencia y hasta la impaciencia, intervienen aciagas circunstancias y en no pocas ocasiones intentamos evadirnos de la amarga actualidad que es tan voluble como pertinaz. No obstante, en todo este baile de supuestos nos quedan los recuerdos, los sueños y la esperanza que, en el caso que nos ocupa, se centraba en los bilbaínos Quaoar que tenían cuentas pendientes por saldar. Pues, en cierta manera, el tiempo nos ha traído una dádiva en forma de retorno de unos chicos que ni mucho menos habían cerrado la puerta. Simplemente, la vida discurre con sus percances, sus episodios y sus instantes, y durante este duro viacrucis todos ellos han mantenido sus respectivas agendas a pleno rendimiento, si bien tenían la intención de grabar algún día la continuación de “Dreamers. Dreaming”, hasta ahora su última publicación que pasa inmediatamente a la penúltima posición ya que “Five Friends Floating” es, al fin, una realidad.
El reloj, las témporas, el calendario, las casualidades y el tiempo. Así comienza (o percibimos) el disco, y de esa guisa se presentan en su cuarto lanzamiento. Con “Dreamers. Dreaming”, canción que encadena pasado y presente con un lirismo escalofriante, sobria progresión sinfónica y un significativo carácter que le autoriza, aparte de la indiscutible influencia de su enunciado, a llevar el peso de una bienvenida que genera expectación y despeja el camino al inmenso caudal de creatividad entregado por unos chicos que emergen, que fluctúan, que atraen y alternan cantidad de recursos complicados de describir. Mejor escuchar y no especular. Mejor sentir y apreciar el potencial de “In My Head”, una de las dos avanzadillas del álbum que conocida era, lo cual no significa que silenciemos la eficacia de su poderío coral y aguerrida complexión instrumental que originan maquiavélicos éxtasis corporales incluso mentales. Ese es el sello inconfundible de Bjorn, Aitor, Hugo, Josu e Iñigo. Ese es su peculio, su mérito y la fuerza motriz de una trabajada simbiosis con la que, sea en estudio o en el escenario, han asumido riesgos en sus apariciones demostrando una fuerte personalidad y una calidad musical que, al margen de géneros, subgéneros, disciplinas o corrientes, es tan diversa e ilimitada que deberíamos evaluar o adjetivar como tal. Su simposio no establece muros creativos, pero por el contrario es un muro sónico de gran envergadura provisto de estrépitos tan dispares como “Oblivion” o una inquietante y profunda “Five Friends Floating”.
Si ostenta el grado de titular, por algo será. Ya revelaron ellos mismos en un comunicado el porqué de su construcción, y sus seis minutos y medio de duración son una arrebatadora asociación de emociones llevada con la confianza y tensión suficientes como para enfrentarse a los inesperados atolladeros que aparecen tras cualquier rincón. Se escuchan alarmas, afloran las interrogantes, las exclamaciones y entre la oscuridad, surge la luz mientras el ave fénix acude al auxilio entre eufóricas guitarras y basculantes eufonías. Absolutamente sensacional. En cuanto a la mencionada “Oblivion”, nos sugiere o nos sitúa en gloriosas épocas pasadas tanto en el conjunto internacional como en la retrospectiva de Quaoar, ya que contiene una serie de relevantes condiciones que contrastan, tan solo en título, con la pletórica “Irrelevance” que pasa a ser otro dechado de temperamento noventero. Como ya hemos dicho no solo aquí, sino en las líneas dedicadas a la banda en otras ocasiones, su idea no entiende de fórmulas determinadas y sí de detallistas transiciones. Entiende de equilibrios y escalofríos, de guitarras fuertemente cohesionadas y hondas cadencias, de voces privilegiadas, efusivas percusiones y certeras evoluciones de movimientos de fin del siglo pasado que recuperan con genio e ingenio. Para apreciar la riqueza del álbum no deberíamos detenernos demasiado, pues el secreto de su complejidad está en su naturalidad, en las abundantes dimensiones descubiertas en su interior y en el desarrollo de un disco que concluye en un remanso de paz llamado “As Above, So Below (New House, pt.1)” donde se acuerdan pactos y se solventan penas. Un oasis que lograrían alcanzar tras la interminable travesía por el polvoriento e indómito desierto cumplida (y finalizada) por cinco compañeros, cinco amigos, “Five Friends Floating”.
