Sabíamos, o mejor dicho, desde meses atrás, intuíamos las intenciones del cántabro Aitor Ochoa y sus compinches Mad Mule por un par de razones. Primera y principal, el excelente “All These Words Will Die Before The Morning” que devoramos y pedía a gritos un relevo porque su contenido era proclive a ello. Como segunda razón, la agrupación ha demostrado en sus años de existencia disposición y aptitud así como una elocuente hoja de servicios. Se estaba retrasando esa reválida, que alguien pensará, pero no es menos cierto que en este mundillo del Rock and Roll los tiempos se computan de formas dispares teniendo en cuenta, además, el complicado estado de salud actual del sector. Sin embargo los tíos porfían en sus posibilidades y, pese al patente desequilibrio existente entre los diferentes colectivos que conforman este ecosistema, o sea, entre artistas, salas, disqueras, promotoras, afición, prensa y los nuevos hábitos de comunicación que tan nuevos no son, publican nuevo material. Habían dejado un par de señuelos por el camino en forma de single (vaya, ya son tres las razones), y en cierta manera esas canciones contribuían a soñar. Pues, por suerte ese sueño, ese anhelo o esa esperanza se ha convertido en realidad respondiendo al nombre de “Off The Grid”, segundo capítulo que debería solidificar el desafío personal de un antiguo oficial de la Gestapo u otras oficinas que funciona en estos momentos con propia agencia de investigación.
Evidentemente, Mad Mule. Así se llama el gabinete. Ese el el epígrafe de la nueva compañía con la que, aun definiendo perfectamente su grafía, en esta ocasión adopta diferentes hechuras con respecto al trabajo predecesor. La mente del santanderino sigue, por descontado, en constante ebullición y aunque sean perceptibles ciertos influjos de viejos o jóvenes chamanes universales, podremos apreciar autenticidad en su producción. A menudo especulamos con fulano o mengana porque, en definitiva, esto es Rock and Roll y las alusiones siempre, o casi siempre, van a continuar existiendo. En este apartado uno procura analizar o valorar a cada autor sin recurrir a conjeturas, si bien en alguna ocasión hallamos recurrido a hipótesis. El caso de Aitor Ochoa es uno de ellos, no lo vamos a negar, y probablemente las conexiones sean verosímiles, pero lo cierto es que “Circles”, la apertura del disco, eliminará de cuajo esas teorías dejando volar todas nuestras mentes hacia confines australes, hasta litorales boreales o hasta dimensiones astrales. No obstante, lo más adecuado será que contemplemos el horizonte desde bravíos acantilados cantábricos o el tenue ocaso desde sus plácidos arenales, cosa que ocurrirá más tarde en “The Last Time”, uno de los dos singles ya conocidos que sigue sometiendo debido a su nostálgica querencia, a su ambientación, a su trepidante cadencia y una envolvente acústica que inmediatamente se adueña del aparato locomotor provocando infinidad de sentimientos.
Una de las grandes virtudes del querido Rock and Roll que el amigo Aitor detalla con gran precisión en “Off The Grid”. La evasión mental a través de poderosas piezas de amor, desamor, búsqueda, lucha o determinación. Las pasiones, los sentimientos, y por supuesto, las canciones. El encuentro de almas y corazones, el constante rugido de litigantes guitarras apreciables en títulos como “Big Black Shadow”, inequívoca prueba de su complexión musical que da carpetazo al álbum y, seguramente, a más de una persona dejará en momentáneo estado de éxtasis. O puede que esa sensación se prolongue en el espacio al igual que mayúsculos himnos, ya que son cinco minutos estremecedores. Cinco minutos de continuas demandas y profundas sugerencias. Cinco minutos plenos de emotividad y una estrofa final que ayuda a recapacitar: “I’ve seen this time back when we were older / I’ve lived this life back when I was someone / Back when I was someone”. No obstante, no todo se queda ni aquí ni así, puesto que el álbum presenta títulos como “Monkeys” que varía su nomenclatura respecto al segundo single editado (“Some Kind Of Monkey”), “Painted Eyes” o “Drunken Ghost” en los que relucen la ralea de las guitarras y la fuerza motriz de una banda que refleja en sus composiciones muchas contradicciones del comportamiento humano enfrentándose a sus miedos por medio de tesis doctorales como “The Man I Have Become”, “Is That Love” o la recurrente prerrogativa del ser humano. Como es habitual en la materia que nos concierne, y aun habiendo asegurado lo contrario, finiquitamos con el viejo Young y “So Young”.
