Los espíritus, erupciones, escalofríos y liberaciones de Gonzalo Portugal sacudieron Kafe Antzokia en la premiere de “Release” | GR76


Sábado 13 de septiembre de 2025 en Kafe Antzokia, Bilbao

Bastantes días han pasado desde que el amigo Gonzalo Portugal presentara “Release”, su última referencia, ante la afición bilbaína en un Kafe Antzokia que, dicho sea de paso, barruntábamos como lugar idóneo para la convocatoria dado que tanto él como sus compañeros, o sea, el baterista Aritza Castro, el bajista Mikel Azkargorta y el organista Israel Santamaría son unos tipos queridos y seguidos en la escena local. Un somero repaso a sus respectivas trayectorias y comprobaremos la magnitud o condición del cuarteto que jugaba en casa un sábado por la noche estrenando, además, nuevo disco. Suficientes alicientes como para acudir. Solo el enunciado del disco ya es un anzuelo tentador siendo, además, una más que digna continuación a “On My Way”, trabajo con el que se presentó en solitario después de la fructífera época con Last Fair Deal, excelente trío del que conservamos grandes recuerdos. Por lo tanto, pocas indecisiones, pocas suspicacias y cero interrogantes. Ahora, personalmente los días posteriores han transcurrido como no esperábamos, así que no hemos podido escribir unas líneas sobre una función a la que nos habría gustado atender con mayor celeridad. Como decíamos, bastantes días y tiempo más que suficiente como para haber madurado lo sucedido y haberlo descrito, pero hasta hoy no ha podido ser. Intentaremos enmendar la plana.

Aunque la aglomeración humana no fuese tan voluminosa como nos habría gustado, se percibía cierta inquietud en las inmediaciones del Antzoki y seguramente entre los oficiantes habría nervios por todo lo que conlleva un estreno en casa, ante tu gente y en un escenario de tal importancia. Accedemos con prontitud al recinto, y poco a poco se va acercando el resto del personal que gozó, como no podía ser de otra forma, con el recital que pudimos contemplar en exclusiva. Sí, esa fecha no se repetirá. Esa fecha quedará grabada. Habrá más conciertos, disfrutarán de más congruencias y circularán con la furgoneta por el norte, sur, este y oeste, pero quienes estuvimos en el Antzoki conservaremos en el cajón de fundamentales el sábado 13 de septiembre de 2025 porque ese día sentimos la fuerza, el calor y el sonido arrollador de un volcán en erupción que responde al nombre de Gonzalo Portugal acompañado, como ya hemos dicho, de incandescentes ríos de lava como Israel, Mikel o Aritza y la intervención especial de sólidas chimeneas como Claudia Morales e Inés Goñi que se sumarían puntualmente para aumentar la temperatura con sus vibrantes llamaradas. La ocasión merecía que la gente respondiera, y la gente lo hizo afirmativamente porque los aplausos fueron la tónica habitual de un espectáculo en la que pudimos escuchar clásicos de B.B. King (“Rock Me Baby”), Taj Mahal (“Leaving Trunk”) o Ray LaMontagne (“Trouble”) y las ya tradicionales adaptaciones de Son House (“Walkin’ Blues”) o Muddy Waters (“Rollin’ & Tumblin’”) en las que el amigo exhibe su pericia con el slide e integran, además, ambas ediciones.

Estas dos marcarían la despedida y dejarían con ganas de más a un personal extasiado y profundamente satisfecho por el derroche de autoridad demostrado. Un show electrizante. Un show basado en los diabólicos doce compases, en el prestigioso blues, en la emoción del soul y en las grietas producidas por melodías que siguen el ritmo del corazón como “I Know”, perteneciente al trabajo a presentar que sería la encargada de romper el hielo con su progresiva cadencia. Curioso. Volcán, hielo. Hielo y volcán. Así es el blues. Caliente como el hielo, frío como el volcán. Una dualidad que, seguramente, sea tan solo una apreciación muy particular. Fuera como fuera, a partir de ese instante el sudor recorrió los rostros de la concurrencia y la comunión entre oficiantes y asistentes fue total porque, aparte de los clásicos ya mencionados, interpretaron los originales que figuran en sus dos volúmenes; tal vez se conviertan algún día en clásicos o tal vez alguien, en un futuro, tenga a bien recuperar. Títulos como los iniciáticos “On My Way” o “A Thing Or Two” que sirvieron como barómetro alentando al auditorio, o un imponente “Searchin’” que sacude y segrega oxitocina mostrando la habilidad creativa de un bluesman nacido a orillas de la ría. Aquí también destacaron los orgánicos (nunca mejor dicho) refuerzos de un Isra que se nos antoja pieza imprescindible del consorcio, así como las astucias de Aritza y Mikel, bárbaros y metódicos a partes iguales en sus cometidos con la batería y el bajo respectivamente.  

Un dato a tener en cuenta en el historial del señor Portugal es, aparte de su extraordinario dominio de las seis cuerdas, de sus diversas técnicas y su constante actividad con diversas formaciones o en su individual reto en formato acústico, su esmero para crear y compartir canciones que inciten, canciones que presionen, canciones que abriguen. En definitiva, la propiedad del rock and roll. La huella del blues. Canciones como “Brace For Impact”, una especie de sello personal que sigue métricas o medidas tratadas con anterioridad y que tuvo a bien en dedicar a Virginia e Iker, compinches durante la época de Last Fair Deal. Huelga decir que el pabellón se vino abajo. O como la sorprendente “Still Dancing” que mudó de piel dejando un reguero de admiración entre el público, ya que hasta ese momento la conocíamos en su versión acústica y, la verdad, su nuevo atuendo no le sienta nada mal. Por cierto, sabemos que se trata de una deferencia especial, así que son tan bienvenidos los arreglos o ajustes añadidos como las felicitaciones recibidas al término del sentimental homenaje. Bueno, en este aspecto uno se vino abajo con “Near” porque tenía fresco en la memoria el semblante de una persona cercana que lamentablemente, aunque su intención habría sido otra, no pudo asistir. En ese momento, cuando Gonzalo entonaba versos refinados, cuando acariciaba la Strato con delicadeza o la agitaba con determinación, cuando las luces creaban entornos íntimos y el respetable procedía como tal, un infinito estremecimiento recorrió los poros de mi piel. El cristalino órgano de Israel haría el resto. Épico. Inenarrable. Absolutamente conmovedor. Como “Home”, single del álbum que interpretaron previo al rush final contando con las ayudas vocales Claudia e Inés (que antes habían ingresado) y de un orfeón general que no diremos que hiciera tambalear los cimientos del viejo teatro, pero cerca anduvo porque el popolo se comportó y emitió su veredicto. ¿Lo querrías saber? Ya sabes qué deberías hacer.  

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