Interesante estreno e ilusionante proyecto. Tampoco aseguraremos que se trate de una rara avis o una formación atípica, porque varias de semejante estructura hay en el mundo del rock & roll, pero la falta de un bajo concede cierta singularidad al trío que recientemente ha publicado “Americana Radio”. J. Isaiah Evans, un oriundo de Dallas conocido por haber pertenecido a la no menos conocida banda de rhythm and blues The 40 Acre Mule, se junta al organista Matthew Vasquez y al baterista Spud Crowley en uno de los parones de la banda antes mencionada, naciendo así este prodigioso bloque orgánico (nunca mejor dicho) que funde música espiritual con el representativo blues texano, el boogie con el swamp, el groove con el honky tonk, el country, el soul u otras corrientes que la imaginación del corpulento Evans pueda concebir. De casta le viene al galgo, puesto que su madre era pianista, así que la música sería fundamental desde la más tierna infancia del amigo y, sin duda, el título elegido para esta ópera prima es una magnífica descripción de su contenido, porque todas esas nociones están presentes en cada uno de sus ángulos, en su núcleo, en sus bordes, en su carácter y en sus detalles. Después de escuchar las diez canciones que lo componen, tu corazón querrá más. Seguramente, tu mente también, porque habrá experimentado varias ausencias y tu organismo sentirá la libertad propuesta en “Let’s Rock”, extraordinaria entrada que nos ubica perfectamente en un planteamiento que tira de rabia y emoción.
Que es, aparte del incesante movimiento de caderas, el propósito de álbum, banda y propuesta que ellos mismos denominan garageicana. Salvo “Stand Up”, asombrosa adaptación de Mel McDaniel que llevan a su terreno convirtiendo un country de manual en instigadora frecuencia psicofunk, los títulos restantes son composiciones originales que inexorablemente remitirán a décadas pasadas o a autores de toda índole. Podríamos soltar nombres sin cesar y con total convencimiento, porque los influjos son patentes incluso verosímiles, pero no es menos cierto que el rock & roll se nutre y retroalimenta de su patrimonio o naturaleza, “so, buckle up baby and away we go” que dice “Up To No Good”. Si amas el rock & roll y sus infinitas configuraciones, no deberías desestimar este ejemplar. Una revolución. Un ejercicio de convicción y constancia. Un adictivo almanaque de estallidos administrados con el latido de una impactante batería, con la excitante sensación de suspensión facilitada por un viejo Hammond B3 y el estrépito de una bulliciosa guitarra más el complemento de la siempre polivalente y rigurosa voz negra que domina espacios y con nervio demanda atención. Bueno, en este sentido “The Devil Makes Three (Coche Del Diablo)” contrasta con el conjunto ya que es una instrumental, sin embargo su expeditivo dinamismo sigue las directrices marcadas en “Americana Radio” que, por cierto, no solo es un simple título lanzado al azar. Es el elemento principal de toda esta historia. Es su apuesta. Es su compromiso, es su misión.
Capturan los ecos de ayer que trasladan, con gran acierto, a la sonoridad de hoy. Recogen el viejo blues en “Pullman Porter Blues”, un homenaje a los antiguos trabajadores (esencialmente afroamericanos) ferroviarios tras la guerra civil de USA, asociándolo brillantemente con las contemporáneas o áridas direcciones de “A Thing For You”, salmo o refugio personal dirigido con cierta religiosidad y elegancia por un Hammond expansivo y una lírica redentora. Quizá estemos ante unos de los momentos culminantes de este debut, pero puede que todas las sensaciones experimentadas se vean multiplicadas a continuación en la misericordiosa “Hat In Hand” que ya fuera grabada por The 40 Acre Mule. Otra incógnita. Otra interpelación que el presbítero Evans lanza, entre indulgentes descargas de marimbas y armonios, al vacío en espera de ser recogida por algún ente o magnánimo ser, así que volvemos a la casilla de inicio y “so, buckle up baby and away we go” que dice “Up To No Good”. Hasta Memphis fueron para grabar en los estudios Memphis Magnetic Recording Co. a la vieja usanza, de forma analógica e intentando capturar la energía del directo bajo la supervisión del productor Scott McEwen. Lo consiguieron, no cabe duda. Buscaron y encontraron la inspiración, si bien llevaban consigo un material suficientemente pasional como para completar un disco de presentación que coronan el potente rock & roll “Ruby Anne” y otra irónica sentencia llamada “Trouble Bound” que en su parlamento aconseja “you better settle down” aunque su temperamento musical diga lo contrario. Flexible rock & roll, revoltoso rhythm and blues, expeditivo groove.
