Zålomon Grass: “Trouble In Time” | GR76


Desde que emprendieran la marcha en este sinuoso y empinado trayecto, los vigueses Zålomon Grass vienen demostrando un alto grado de astucia y competencia así como su pragmatismo en las entregas realizadas hasta hoy. Podríamos considerar su pócima como una equilibrada fórmula de anuencias setenteras, contemporáneas nociones y futuristas ensueños profundamente adictiva. Siguiendo los requisitos de la receta, su ramillete de títulos engancha encauzado, gradualmente, a la gente hacia un excitante glosario de eufonías señalado por ellos mismos con el anagrama Cosmic Blues. Y si ellos lo dicen, nada que objetar, pues alimentan o basan gran parte de sus invenciones en los diabólicos doce compases aderezados con especias atmosféricas, psicotrópicas o cósmicas proyectadas por el siempre mágico e infalible triángulo mágico de guitarra, bajo y batería. Tres ángulos, un perfil. Una banda, tres componentes, Gabriel McKenzie, David Rodd más Mauro Comesaña en ese orden instrumental y varios elementos a incorporar, porque “Trouble In Time” no lo deberíamos entender tan solo como un trabajo discográfico, que evidentemente lo es, sino como un acto de convicción de unos tipos intrépidos, unos tipos que abrieron este capítulo por medio de los sencillos “Twelve Labors” y “Bad Combination” que de sencillos poco tienen, por cierto.

Tienen, como dijimos en su momento, riesgo y una especial seducción que de alguna manera les atribuía un papel prioritario para ejercer como tales. En la segunda, por ejemplo, la colaboración del armonicista Ramón Figueira ‘Figui’ ofrece un semblante diferente al esgrimido en su inventario introduciendo además clarividentes mensajes, y la primera es una dinámica combinación de progresiones establecidas a partes iguales por cada uno de ellos. Sin duda, su gran particularidad. La del terceto y la de ellos por separado. Son impetuosos individualmente y en equipo, funcionan a pleno rendimiento desde la sorprendente “A Thing Of The Youth” que no deja títere con cabeza debido a su vertiginoso ritmo y al éxtasis provocado por el Hammond del cántabro Iñigo Bregel. Hablando de Cantabria, se trasladaron de nuevo al obrador GuitarTown Recordings del omnipresente Hendrik Röver para elaborar el elepé, si bien compaginaron o dividieron tareas en Rodd Studios de Vigo obteniendo un magnífico resultado. Han construido un álbum profundamente orgánico, musculoso y fecundo que de alguna manera afianza su postulado con disposiciones como una titular, embebida por los resplandores del alba y el ocaso o con apasionadas historias tipo “Ruins Of The Modern Past” donde despliegan todo el potencial, ya sea en sentido melancólico, espiritual o trascendental.

A pesar de las experiencias acumuladas en diferentes aventuras donde han estado involucrados en sus respectivas trayectorias, la progresión en cuatro años de Zålomon Grass es demoledora, aunque su estreno dejaba patente la calidad que atesoraban y este “Trouble In Time” lo corrobora en la conjunción de consonancias, emociones, barruntos y sutilezas. Hay canciones seductoras como “Across 110th Street” o absolutamente enternecedoras como el epílogo “Contradictions” que poco o nada tiene de contradictorio. Más bien todo lo contrario, porque es descriptiva y acorde a su línea creativa, permitiendo adivinar unas cuantas alcurnias que les han marcado y las múltiples suertes que son capaces de utilizar con gran habilidad. Hay aroma añejo, hay espacios psicodélicos, hay urgencia, ecos, voluntad y unos aullidos que instantáneamente se clavan en el aturdido hemisferio cerebral que suministra infinidad de estímulos a un cuerpo bloqueado y excitado a la vez. Siete minutos de auténtica agitación. Siete minutos que son el fiel relejo de ese demostrativo o posesivo que orgullosos portan y que hemos mencionado con anterioridad. Aunque tal vez, puede o quizá, esa distinción se la asignemos a una “I’m Feelin’ Lonely” que dibuja, por medio de voces cuasi angelicales, un firmamento estrellado en el inhóspito desierto. Sentimos sonidos tribales gracias a los címbalos y timbales de Comesaña, turbulentas ventiscas surgidas de las seis cuerdas de McKenzie y un misericordioso oasis de aguas subterráneas tan oportuno y esencial como las cuatro cuerdas que, en este caso, pertenecen al señor Rodd. Aunque el tiempo proporcione disyuntivas o problemas, pocos deberías tener para escuchar “Trouble In Time”.  

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