Los bizkainos Negracalavera tienen, al fin, nuevo fascículo de su rabioso manual de High Energy Rock ‘n’ Roll, postura que abrazaron cuando emprendieron travesía bajo este seudónimo, si bien sus integrantes procedían de diversas formaciones y por lo tanto, sabían de qué va este reto o profesión. Bien mirado, quizás nos hemos venido arriba con la hipótesis, puesto que el tinglao se parece más a una procesión de penitentes. Una misión de beligerantes creyentes. Podríamos afirmar que, y en clara oposición con otras culturas o zonas no tan lejanas, pocas (o menos) son las bandas y artistas que en este rincón del planeta se puedan plantear la subsistencia con los ingresos que esta actividad les pueda reportar. Como el caso que nos ocupa y numerosos más, deben luchar cual David contra Goliath y componérselas buscando locales de ensayo que, por supuesto, se adecúen a su presupuesto así como los pertinentes estudios de grabación para rematar el trabajo; han de revolver en la superficie buscando padrinos o hadas madrinas o, simplemente, estar al acecho de pitonisas y zahorís; han de meter combustible en la furgoneta y meter caña en gastetxes (para gente no familiarizada, centros culturales autogestionados) que desafortunadamente van en declive, en madrigueras, cantinas o plazas de variado pelaje donde puedan enchufar los amplis.
Este galimatías es, sin duda, “Impredecible”, y en no pocas ocasiones venimos a decir lo mismo de manera diferente, pero lamentablemente es lo que hay, que ni mucho menos quiere decir que tenga que haber de todo. Ni que todo valga. Sin embargo, y pese a siniestros padecidos (fueron objetivo de alimañas y saqueos, algo que por desgracia sucede más de lo debido), Negracalavera persisten y no renuncian. Estos tíos, es decir, Txemi (cantante), Endika (guitarrista), Javi (guitarrista), Pintxo (bajista) y David (baterista) sellaron un pacto tiempo atrás y no ceden en su propósito, que no es otro que resistencia y autoestima, autonomía, inflexibilidad. Son rebeldes y obstinados, son díscolos, reivindicativos, atrevidos, punkys y cual camaleón adoptan cualquier otra fisonomía que explote, eso sí, corpulentas guitarras, expresivas contraseñas y ritmo atronador. O sea, rock and roll. Sin grandes estridencias. Sin pomposas etiquetas. Simple rock and roll. Puede que el semblante o el contexto musical de las cuatro canciones de este trabajo sugieran ciertas avenencias que, obviamente las hay, pero como ya hemos indicado y viene a ser un axioma irrefutable, esto es rock and roll y el rock and roll se abastece de él mismo. Hasta ahora lo han mantenido, y en esta ocasión que, recordamos, sigue las mismas directrices técnicas que su anterior entrega, ya que fue grabado en Koba Estudio con Xanpe a la cabeza, ni mucho menos iba a ser diferente.
Sin miramientos ni contemplaciones relegan el embrague y pisan el acelerador en “Todas las curvas”, “Hasta romper el motor”. Ese ha sido y es su carácter, el criterio esgrimido en sus grabaciones y por ende, en unas determinantes actuaciones en las que, ni por asomo, se contemplan tramos suavizados. Sin concesión, a toda tralla, sin bajar el pistón. Con canciones que consigan levantar el ánimo de la peña en unos minutos, puesto que son directas o mejor dicho, son como un cuchillo como dice, canta o clama “Un cadáver en el maletero”, un arranque sintomático y con indiscutibles razones para ocupar esa posición en la rampa de salida. Sin mirar atrás que también se puede escuchar mientras el aparato locomotor carbura a la velocidad imprimida por unas guitarras orgullosas y absolutamente letales que obedecen al extenuante compás marcado por la pareja rítmica. Buff… Sin pausas ni comas. A toda hostia, como dice la canción. Similar a la energía del rayo empleado por la banda como logo. Por otra parte, cualquiera de ellas podría haber ocupado esa pole position imaginaria, porque apenas hay milésimas de diferencia entre las cuatro. Eso sí, hay ligeros contrastes en sus estructuras, en sus bastidores o en las técnicas utilizadas en su elaboración, aunque el trabajo gráfico sigue correspondiendo a Meri Cris Arregui. Deberías inspeccionar esos matices que nos llevan a pensar en variaciones, pues a lo mejor localices señales o indicios en la última del lote, la desenfrenada, colérica y explosiva “A ella le gusta que le lleve su dosis”. A nosotros nos gusta nuestra dosis de rock and roll, nos gusta la dosis adecuada de Negracalavera.
