The Hellacopters: “Overdriver” | GR76


El año pasado pudimos comprobar que los Hellacopters se encontraban en buena forma y si nada se tuerce, en unos meses tendremos oportunidad de repetir. Eso sí, notaremos diferencias, ya que el concierto venidero se enmarca dentro de un festival y el anterior era un show propio con lo cual, la duración de ambos será la primera variación. Con los repertorios ocurrirá algo similar, ya que acaban de lanzar vía Nuclear Blast Records “Overdriver”, disco donde el carismático Andreas Tyrone Svensson, alias Dregen, no participa a causa de la lesión que arrastra en su mano y por la que tuvo que pasar dos veces por quirófano. No obstante, las guitarras continúan en estado de efervescencia ya que esa función recae (de nuevo, pues fue una opción utilizada con anterioridad) en el organista Anders ‘Boba’ Lindström y Nicke ‘Royale’ Andersson, cabecilla de la formación que también se encarga de la producción del álbum. Entonces, en el mencionado concierto de ocho meses atrás, cubría la baja de Dregen el guitarrista barcelonés LG Valeta (que puntualmente colabora en la grabación) y desconocemos qué sucederá en un futuro puesto que una de las cualidades de los Copters radica en su fuerte carácter guitarrero que, por supuesto, predomina en el álbum.

El crédito de la banda ha ido aumentando (pese a sus catorce años de sequía discográfica) a medida que el tiempo iba trascurriendo porque todos ellos han seguido involucrados en diversas alineaciones que no hará falta mencionar, ¿no? Las esperanzas de bastantes fans por un retorno se diluían con la popularidad y consiguientes obligaciones que adquirían por separado, y ni tan siquiera la celebración del vigésimo aniversario por parte del quinteto inicial, o sea, Nicke, Dregen, Kenny, Boba y Robert despejaría la incógnita. Cuando pensamos en esa privilegiada noche, en ese abarrotado lugar, en esa anhelada congruencia o en ese paréntesis de liberación… Llegan los escalofríos. Los mismos que asaltan cuando eufóricos redobles de tambores y una provocadora púa rasga las cuerdas introduciendo “Token Apologies”. Espasmódico. Determinante. Demoledor. En ese momento intuyes qué sucederá en los próximos cuarenta minutos, en las once canciones que completan este segundo capítulo de un resurgimiento que, en cierta manera, les devuelve los resplandores de antaño vislumbrando, a su vez, nuevos horizontes. La firma de Royale es inconfundible, las acometidas de sus compañeros no dejan títere con cabeza, su enérgico rock n’ roll obliga a menear constantemente la bisagra y, haya ecos, similitudes incluso muletillas, integran ingeniosas metamorfosis con “Overdriver”, álbum más concienzudo o más uniforme que su predecesor.

Puede que esa reentré fuese un tanteo, o puede que sea una simple suposición de escaso valor, pero uno alegaría en su defensa que la eficacia de los singles publicados en “Eyes Of Oblivion” contrastaba quizá en ese aspecto con el resto de títulos del elepé, algo que no ocurre en esta ocasión pues el conjunto de composiciones mantiene una línea más regular. Es simplemente una opinión personal. Sin más. En ambas realizaciones han atemperado su fórmula con respecto a su primera etapa, si bien sus arrebatadores rocanroles no han perdido un ápice de fogosidad. En esa línea podrían figurar prototipos como una “Don’t Let Me Bring You Down” que podríamos certificar como especialidad de la casa pudiendo, además, descubrir una (auto) analítica faceta que sobresale en toda la grabación; una avasalladora “Wrong Face On” en la que Robert Eriksson enseña sus activos tentáculos en el puesto de mando mientras Boba seduce con un ostentoso órgano de psicodélicos contornos, o una concisa y enloquecedora “Faraway Look” que, en apenas tres minutos de duración, reúne las claves necesarias para ser considerada como pelotazo o sea repetida hasta la extenuación. Tiene vigor, un ritmo contagioso y un estribillo de misma calificación, excelsas guitarras y un piano percutor, tiene mucho groove e imaginamos que en su versión en directo puede organizar un combate espectacular en las posiciones de vanguardia.

Y aunque bajen de revoluciones en títulos como “Coming Down”, “The Stench” o en situaciones puntuales de, por ejemplo, una melancólica “(I Don’t Wanna Be) Just A Memory” que se siente y presiente como otro de los platos fuertes en sus actuaciones, los queridos Copters trasladan al plano musical la carga visual del excelente diseño de carpeta entregado por el germano Max Löffler. Rayos, magnéticas fosforescencias, estruendos y fanáticas zarpas en busca de un grial en forma de futurista pedal de efectos: “Overdriver”. Consecuencia, rock n’ roll en toda la extensión del término. Inspirador, fibroso y vertiginoso, plasmando la envergadura de una banda cuya experiencia y vitalidad sobresale por los cuatro costados como sucede en “Wrong Face On”, otra acelerada frecuencia que suscitará el instantáneo acaloramiento, ya que se desenvuelve entre la tenacidad punk y la excelencia garagera gracias al aporte del Hammond o el contundente bajo de Dolph de Borst. Las guitarras resplandecen también, pero ya hemos apuntado (y está suficientemente acreditado) que es uno de sus distintivos. Quedará demostrado en el colosal slide de “Doomsday Daydreams” obra del catalán, o en el dinámico y prolongado solo pertrechado en una inmaculada “Leave A Mark” final que, sin duda, aglutinará un sinfín de cotejos, pues podría abrigar un largo etcétera de descendencias. Ahora, los Hellacopters tienen espaldas suficientes como para que “Soldier On” no enmascare (o exteriorice) demasiadas equivalencias, para que los coros de la frenética “Faraway Looks” eliminen ciertas especulaciones, o los códigos de la elástica “Do You Feel Normal” precisen una única autoría. Ni cambalaches ni trampantojos, simple rock n’ roll que se nutre de rock n’ roll y una banda sin dobleces: The Hellacopters.  

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