Capsula: “Primitivo Astral” | GR76


Con un cuarto de siglo a sus espaldas, el terceto bilbaíno Capsula demuestra en su último disco la misma vitalidad y determinación que revelaba en sus inicios. Puntualización. La gente bilbaína nace donde quiere, que se suele decir, por lo tanto catalogaremos a Martín Guevara y a Coni Duchess, mentores de la banda, como gauchos bilbaínos o al revés, que viene siendo lo mismo. Después de una breve estancia intermedia en Berlín, han desarrollado toda su carrera en la villa donde tienen su residencia y su taller de resistencia que no es otro que Silver Recordings, estudio de grabación requerido por un buen número de artistas y donde, por supuesto, han fabricado, “Primitivo Astral”, su último cartapacio de estrépitos y éxodos, ensueños y espacios. Hasta ahora su oratoria musical giraba en torno a todo tipo de efectos relacionados con la psicodelia, con la visceralidad del punk, la arrogancia del underground, la rebeldía setentera o la actividad del garage, así que los barruntos sobre el nuevo material en cuanto a su estructura musical quedaban enclaustrados en un exiguo conjunto vacío. Y una vez escuchado, podemos afirmar que la banda continúa escribiendo su presente a base de histéricas historias que, de alguna manera, confeccionan una arrolladora personalidad creativa materializada en sus invenciones (e intervenciones) psicotrópicas. 

En los créditos del álbum figura como baterista el ya consolidado tercer vértice del triángulo mágico: Álvaro Olaetxea. Quizá esta sea la formación (el trío, queremos decir) más adecuada para descifrar los jeroglíficos que propone Capsula desde que un “Rayo Oscuro” asoma entre la incandescente nebulosa. Puede que (el trío, reiteramos) sea la alineación que haya proporcionado mayores alegrías a la afición rockera en infinidad de ocasiones porque no hay posibilidad de escapatoria. Todo ha de funcionar como un reloj, que tampoco vamos a decir que no suceda en escuadras más numerosas, pero en este caso concreto, que es sobre el que ahora mismo estamos escribiendo, opera como tal. La guitarra de Martín se expande y gravita a partes iguales erigiéndose mariscal en “(In The Garden Of) Narcissus” o suministrando fascinantes delirios en “Estrellas Dobles”, una de esas canciones que despliegan todo su potencial en la mente y paulatinamente se apoderan del espíritu. Probablemente sea, o al menos suponemos que podría ser, un punto culminante en sus actuaciones porque sus ecos, sus transmisiones o sus súplicas espolean los cinco sentidos. Esas mismas sensaciones se producirán a lo largo de las diez canciones que componen “Primitivo Astral”, puesto que el objetivo de la banda es transportar a la gente en su cápsula (esta vez con minúscula y tilde) cósmica en la que reminiscencias y profecías se abrazan extrayendo momentos como “Premonición” o “Automatical Soul”, consonancia que inmediatamente requiere colaboración en un tribal y animado coro nuclear.

A lo mejor alguno de los argumentos expuestos clarifiquen el título designado para su décimo segundo álbum (si excluimos el homenaje a Ziggy Stardust y otro compartido) o tan solo sea una conjetura personal, pero lo cierto es que las piezas encajan como si se tratara de un imaginario puzzle de misteriosos contextos y colosales dimensiones. Las cuatro cuerdas de Coni son, como la inmensa mayoría en esta categoría, algo más que un complemento. Son el elemento, la médula, el corazón que suministra energía al organismo demostrando, además, que se trata de una excelente vocalista que exhibe su potencial en una “Spelling Love” que, dilatando la compostura de “Estrellas Dobles”, orienta a la audiencia hacia a un profundo abismo en el que las neuronas participan activamente mientras el aparato locomotor expele cualquier síntoma de desánimo. Quimérica. Fragante y sensitiva. Para entonces las batutas percusivas de Álvaro habían justificado el porqué de su status en “Go To The Desert” o en la inmediata “La Luz Azul”, pudiendo resaltar que probablemente ambos casos se aproximen al perfil más virulento y por lo tanto, al menos introspectivo de la banda. Sin acritud. Sin negativos significados, ya que gracias a esa polisemia orgánica que también podríamos asociar al léxico esgrimido, Capsula (ahora en mayúscula y sin tilde) han recogido en sus redes un variopinto botín de especies y proles incluso impávidos seres que, curiosamente, tras la captura han preguntado por la causa de ese desliz. Pues esas interrogantes insisten en el epílogo del cedé compuesto por “Hacia el Sur” y “Arrow”, dejando patente la inventiva y rotundidad de una banda cuya palabra es sinónimo de esfuerzo y acción siendo, a su vez un magnífico pretexto (las interrogantes) para abrir una serie de compuertas que se habían quedado entreabiertas y deberíamos cruzar. Vuela a empezar.

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