The Mothercrow: “Foráneo” | GR76


El cuarteto con sede en la Ciudad Condal está de vuelta, y eso es una excelente noticia principalmente para sí mismos, para su legión de seguidores y el circuito, puesto que su estreno irradiaba frescura pese a una notoria tendencia por pasados sonidos atmosféricos. Su publicación dejaría un reguero de buenas opiniones en bastantes publicaciones así como un apreciable consenso entre la familia rockera, y en su agenda pudieron registrar bastantes visitas en otras tantas salas repartidas por la geografía. Irrumpieron con autoridad y los ecos de “Magara”, que era el título de esa magnífica ópera prima, hacían presagiar un comienzo de década en el que probablemente incrementarían la actividad experimentada el año de su bautismo discográfico (ya habían enseñado las garras con anterioridad en diversos epés editados) pero… El planeta entró en una profunda parada cardiorrespiratoria, la tierra detuvo su movimiento y un profundo silencio tomó las riendas del tiempo y el espacio cuando… Ya sabemos de sobra qué sucedió y no es nuestro interés rememorar ese jodido paréntesis, pero en este caso (como en muchos otros, demasiados quizá) ese revés eclipsó, en cierta manera, la progresión de una banda que tenía suficientes condiciones como para pasar largas temporadas en la carretera: The Mothercrow.

La formación ha mantenido la confianza en sus posibilidades, ha solventado percances, y a pesar de los pesares, ha podido lanzar la reválida registrada en Sol de Sant Studios de Barcelona que finalmente han podido publicar con la firma Discos Macarras Records. No sin dificultades, porque este sector del arte o la cultura transita por caminos empedrados, pero afortunadamente “Foráneo” es por fin una realidad y las ocho canciones que lo componen tienen la suficiente enjundia como para seguir la estela de su predecesor introduciendo, además, nuevas fórmulas. Nuevos modelos, esperanzadoras fusiones o insólitas frecuencias como “Tumbling Down”, ya que hasta ahora en su repertorio, salvo alguna aproximación, se echaba en falta piezas sentimentales como esta que, dicho sea de paso, bordan y sin duda será uno de los momentos álgidos en sus representaciones. Hablando de esperanza y como curiosidad o conjetura personal, el diseño gráfico del álbum que, al igual que el anterior está realizado por Jalón de Aquiles, refleja en tonalidades esmeraldas ese ánimo aludido mientras en su debut predominaban las rojizas. Pasamos del rojo pasión al verde esperanza que puede sugerir, por ejemplo, “Standing My Ground”, una apertura que inmediatamente lleva al oyente a una recóndita cuarta dimensión en la que los sentidos palpitan, los florecientes giros relajan y un persistente escalofrío atraviesa la médula espinal.

Ese escalofrío permanecerá durante los siguientes minutos y, aunque la intensidad podría variar dependiendo del instante, no se detendrá porque este sortilegio melódico-sensorial está provisto de relámpagos (“Howling”), revoluciones (“Danger Rules”) y resplandores (“Northern Lights”). En su inventario musical conservan las consabidas coordenadas de reminiscencias setenteras, blues psicodélico, progresiones groove y demás variantes, pero el cromatismo de las carpetas no es la única diferencia apreciable entre ambos trabajos, ya que la nave ha sufrido algunos cambios en su tripulación. En el puesto de mando continúan Karen Asensio y Max Eriksson engatusando con sus cristalinas y hondas cuerdas vocales la primera y sacando chispas a las seis de la guitarra el segundo, siendo los últimos afiliados Jaume Darder y Daniel Ribeiro (baterista y bajista respectivamente), si bien Víctor Sancho se encargaría de las cuatro cuerdas a última hora. Imprevistos o inconvenientes inherentes al mundo del rock and roll que no han minado sus ansias por alcanzar los objetivos marcados. Tal vez “Foráneo” sea un vivo ejemplo de fortaleza y tenacidad porque guarda en su interior bastantes signos de empeño y originales abecés no empleados habitualmente, lo cual constata su perseverancia. Una canción fascinante pues compagina genio e ingenio, madurez, equilibrio y motivos más que suficientes para ser la asignada como titular.

Ahora, cualquier otro título de los siete restantes habría sido un nombramiento acertado, y probablemente la elección haya ocasionado quebraderos de cabeza (ese acaso tan solo lo saben sus autores) porque como decimos, el volumen en su totalidad, o las canciones, para ser más ecuánimes con nuestras sensaciones, conservan bastantes encantos como para haber obtenido esa distinción. Caso de, por ejemplo, la fase de levitación transitoria “(Doin’ It) For The Thrill” de fisonomía setentera y dinámicas agitaciones que exigen colaboración ya sea por medio de desafíos vocales o en su contagioso ritmo que induce al desenfreno. O en la enérgica “Gonna Burn”, otra buena muestra de su personalidad creativa. Las explosivas cadencias funkys alcanzan, en esta ocasión, altas temperaturas esgrimiendo gran acierto en los ajustes utilizados e incorporando un entusiasta tramo final en el que los efectos, los fragores, las proporciones y los intrépidos requerimientos lograrán su meta, que no es otra que el júbilo, el éxtasis. La relajación mental. A groso modo, las intenciones de The Mothercrow o nuestras (subjetivas) impresiones sobre “Foráneo”, un álbum cuyo tratamiento y extraordinaria relación de sistemas, esencias o fragancias encandilarán a sus incondicionales y con toda seguridad cosechará nuevos y buenos dictámenes. Un dato más: cuentan con el refuerzo de Julián Batista (órgano y Hammond), Felipe Gaete (percusión) y Alberto Pérez (coros), se escucha del tirón (lo cual no es negativo, sino todo lo contrario) y se disfruta una barbaridad. Una grabación sin trampa ni cartón.    

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