Road to Mendizabala, una vez más al Azkena Rock Festival | GR76


Se va acercando la fecha de la vuelta a la revuelta de Mendizabala y van apareciendo los nervios, los gratos recuerdos y las eternas ilusiones. Poco menos de dos semanas para iniciar un nuevo éxodo a Tierra Santa y van surgiendo interrogantes sobre infinidad de pormenores como la caprichosa meteorología de Vitoria-Gasteiz y sobre el tiempo también. El tiempo, ese juez… Ha pasado tiempo desde la última vez, ¿no? ¿Nos acompañará o respetará el tiempo? ¿Seremos capaces de exprimir el tiempo? ¿Tendremos tiempo suficiente para saludar a la gente? ¿Podremos dedicar el tiempo necesario al descanso o a perdernos entre la marabunta de la Virgen Blanca? Dependemos del tiempo, necesitamos tiempo, en ocasiones el tiempo nos da la espalda y en otras nos concede treguas, felicidad o soplos de fortuna que poco o nada tienen que ver con el bolsillo. Ahora, nosotros somos afortunados desde el día que descubrimos el Azkena Rock Festival, que ya hace tiempo de ese encuentro, y en este tiempo de relación anual y a distancia hemos intentado aprovechar al máximo el calor de sus abrazos, su hospitalidad, su buena disposición y por supuesto, el tiempo. Porque el querido Azkena tiene o mantiene un público afín a pesar de los cantos de sirena, a pesar de desafortunadas ediciones según qué analistas u opiniones, a pesar de diatribas o controversias sobre todo tipo de materias como quienes deberían o no pueden actuar en el festival, que pasa por ser el mayor debate en todo tipo de foros. Por cierto, el foro del Azkena cumple veinte años. Un dato más.  

Y un año más que agarramos el petate y nos dirigimos a Vitoria-Gazteiz para vivir, sentir, palpar, sondear, observar y disfrutar con, en o del bendito Azkena Rock Festival que tantas alegrías nos ha dado en sus años de existencia. Habrá quienes hayan podido presenciar todas las ediciones, quienes sumen menos en su particular memorándum o quienes han hecho malabares con su calendario y sus quehaceres para estar el mayor número de veces, quienes recorren cientos de kilómetros o quienes superan los miles, quienes cuenten sus ediciones por unidades, pares o nones o quienes estén deseando repetir su primera experiencia porque, al final, el Azkena es, a pesar de la excitante estancia entre escenarios, un reducto de paz, un espacio donde los sueños se pueden convertir en realidades y las intenciones, tan sencillas como trascendentales. “Al Azkena se va”, que alguien acuñara en alguna ocasión, lo cual no deja de ser una sentencia que no admite discusión. Y al Azkena vamos, cómo no. Por varios motivos, porque nos gusta el rock and roll, porque el equipo de Last Tour huye de etiquetas, excentricidades o masificaciones y sigue manteniendo sus prioridades que son, fundamentalmente, ofrecer un cuidado producto así como un conjunto de artistas que satisfaga a la mayoría de seguidores de un certamen que, recordemos, no contempla la posibilidad de llegar a guarismos estratosféricos de asistencia. Vale, a nadie le amarga un dulce y el ansiado anuncio de alguien que consiguiera reunir a un número que superara el record con holgura sería, tal vez, una extraordinaria noticia. Pero aquí entran demasiadas variables, demasiados detalles que desde nuestra posición no contemplamos. Ahora, ¿Queens Of The Stone Age? ¿Warren Haynes Band? ¿Jane’s Addiction? ¿Mavis Staples? ¿Ty Segall? ¿Red Kross? ¿Sheryll Crow? ¿La programación de Trashville? ¿Los mediodías de La Virgen Blanca? ¿Bala? ¿Moonshine Wagon? ¿Psychedelic Porn Crumpets? ¿St. Paul & The Broken Bones? ¿Tarque & La Asociación del Riff? ¿Band Of Horses? ¿The Detroit Cobras? ¿All Them Witches? ¿Band Of Horses?¿L7? ¿Π L.T.? Y muchos artistas más. Pese a algunas lagunas, con las habituales coincidencias horarias que traen por la calle de la amargura a azkenazales o algunas deficiencias apreciables siempre, bajo un prisma subjetivo y personal, “The Power Of Guitars”, que era el lema utilizado antaño por la organización, retornará a la explanada y nosotros, con el nuestro, “Road to Mendizabala”.     

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