Recuerdos del pasado, encuentros en el presente, The Screamin’ Cheetah Wheelies | GR76


Sábado 2 de diciembre de 2023 en la Sala BBK, Bilbao

Como dijo el señor Mike Farris en la introducción de “Gypsy Lullaby”, una de tantas imprescindibles que tienen firmadas los Screamin’ Cheetah Wheelies, nadie es la misma persona de hace veinte o treinta años, que es precisamente la edad de una de sus primeras composiciones aunque la incluyeran en su reválida, en el fundamental “Magnolia”. Por cierto, columna vertebral de la gala. Hummm… Va a ser difícil esta vez encadenar conceptos o seguir una uniforme exposición de ideas, porque cuando miras a través del retrovisor te percatas de la velocidad del tiempo, de su invariable ritmo, de la tiranía del tictac, y por supuesto, del camino recorrido y los frutos recogidos en cada momento. En este tiempo transcurrido, el rock and roll ha sido un fiel compañero solucionando grandes males, proporcionado equilibrio, abrigando cuando las malditas circunstancias se volvían en contra, confirmando e instruyendo, permitiendo descubrir nuevas figuras incluso figurantes. Marcando épocas. Y en una de esas épocas en las que el rock and roll vivía la eclosión de movimientos de Seattle o californianos conocimos a la banda de Nashville. Rápidamente nos convertimos a su fe, cosa que sucedería también con algunos coetáneos. Evidentemente, había muchas más y hasta existían algunas que no tenían por qué obedecer el bombardeo del rock anglosajón; había un buen ramillete de bandas locales que nos entusiasmaban tanto como las foráneas; había y sigue habiendo, porque el rock and roll no morirá por muy alto que voceen los agoreros. El rock and roll seguirá presente en nuestras vidas y se producirá aquí, allí y más allí. Tendrá que aclimatarse a los tiempos, a las tecnologías que traen por la calle de la amargura a bastantes incrédulos, a los nuevos cauces de intercambio socio-informativo-comunicativo, a los nuevos métodos o inéditos desbarajustes.

Uno de esos desbarajustes, o para ser más precisos, una de esas sorprendentes sorpresas o estado de suspensión espiritual barra mental nos la provocarían los Screamin’ Cheetah Wheelies cuando decidieron volver para despedirse. Un contrasentido quizá. Tal vez una necesidad, una cuenta pendiente con sus fans. Una ansiada bienvenida por todos los espléndidos momentos que su música nos había regalado. ¡¡Aleluya!! Música celestial, armonía terrenal. Bueno, tampoco vamos a realizar un minucioso trabajo recopilatorio de su discografía oficial porque en estos últimos meses la información se ha propagado con intensidad y dispone usted, a escasos centímetros de la vista, de la mayor biblioteca del planeta. Sin embargo debemos agradecer al quinteto esta reunión que en principio completarían entre sus fronteras. Una inmensa alegría. Una mezcla de amargura por la distancia e impaciencia por la posibilidad, por muy remota que fuera, de repetir frente a ellos. Teníamos un pálpito, una intuición o simplemente unas irrefrenables ganas porque sucediera, no lo vamos a negar. Desde que decidieron separar sus caminos, la pregunta sobre un posible retorno a Mike Farris, que ha sido quien con mayor frecuencia ha estado por aquí, ha sido recurrente e insistente. La respuesta, siempre negando la mayor, pero… “Never say never”, que nos dijo en un par de ocasiones, una a través de las ondas y otra cara a cara mostrando un semblante de cierta saturación con el temita de marras. Pequeño inciso. Aprovechamos la ocasión para agradecer estas dos oportunidades a Ibai, Iván, Israel y Carol. En este caso y parecido a los Wheelies, estamos en deuda con vosotros.

Todas esas sensaciones, todos esos sentimientos y todas las fotografías guardadas en el álbum personal que está sobre el cuello, se iban acumulando a medida que se acercaba el último concierto de este largo adiós que ofrecerían en Barcelona, Madrid, Zaragoza y Bilbao sin ser una despedida como tal. Es, como personalmente nos gusta y solemos hacer cuando llega el instante de los besos y los calurosos abrazos, un prolongado hasta luego. Un hasta mañana, un hasta la próxima vez que si Jim Robinson (o cualquiera de la generación del veintisiete) quiere, se producirá el próximo junio en una nueva edición de BBK Music Legends Festival, evento organizado por Dekker Events, que junto a The Mad Note y Funhouse Productions han sido los artífices de esta gira peninsular. Seguimos con los agradecimientos y, hablando de fotos, no estuvimos acertados. Si hubiésemos sabido que nos cortarían el grifo una vez finiquitada “I Dreamed”, la tercera del setlist, habríamos exprimido más los minutos, pero el sábado pasado no estábamos preparados para proceder de otra forma que no fuera, como insinúa la canción, soñando. Palideciendo con las guitarras de Rick White y Bob Watkins, sintiendo el inagotable compás de Steve Burgess, disfrutando con el groove de Terry Thomas, interiorizando el show, aplaudiendo incesantemente y coreando los estribillos, algunos con el alma y otros a viva voz, llorando de emoción, recordando a los ausentes o bendiciendo a la magnánima providencia por tan fascinante oportunidad.

No olvidamos al señor Farris, ni mucho menos, que no cunda el pánico entre el vecindario. Un tipo carismático. Un portento. Un hombre de eufórica actitud con unas cuerdas vocales tocadas por los dioses, un romántico soñador y un tipo agradecido a esta tierra, a sus gentes y a la gente que siente como familia. También explicaría su estrecho vínculo con Euskal Herria y qué significó para él su aparición en el Azkena Rock Festival de 2004, precedida, eso sí, por una extraordinaria, gloriosa y emotiva actuación acústica en la sala Azkena en febrero del mismo año en un período complicado, un período de naufragios y quebrantos que lograría reconducir gracias al incondicional apoyo de su ángel de la guarda, Rose McGathy. Más lágrimas, más carantoñas, más dermis encrespadas y más tiritonas dentro del terreno que no abandonamos ni un instante, algo inhabitual por nuestra parte. Como si de una ceremonia religiosa se tratara. Una liturgia que no admitía distracciones o escapatorias. Una congruencia que llevábamos tiempo implorando y que, pese a todo, seguíamos imaginando como un sueño. ¿Un espejismo? No, era real, muy real. La gente apelotonada con suficiente antelación frente a las puertas del recinto, así como las concurridas filas de vanguardia desde que se pudo de acceder al interior era un síntoma inequívoco. Había nervios. Había expectación.

Ignoramos si hubo chácharas entre la asistencia porque los cinco sentidos estaban enfocados en las incesantes muestras de felicidad de Mike Farris, en los combates de Bob Watkins y Rick White con las guitarras, en el temple al bajo de Steve Burgess, en la soledad tras la batería de un animado Terry Thomas y en un repertorio del que no teníamos ninguna duda sobre su excelencia, interpretaran las canciones que interpretaran, pues son, ante todo una banda de canciones. Sobre ello estuvimos charlando al finalizar con un buen amigo venido desde Eivissa y no pudimos sino asentir. El inicio con “Shakin’ The Blues” seguido de la sensacional “Halcyon Days” ha sido un chute de energía, ¿no? Impresionante arranque, que respondimos. El momento “John The Revelator” ha sido profundamente revelador tanto por el absoluto respeto de Farris hacia los doce compases, por la profunda estampa de un individuo, su guitarra y una lección de orgullo, como por los rostros asombrados de sus compañeros… Psicodélica y rotunda ha sonado “More Than I Can Take”… “Boogie King” o “Ride The Tide”, espectaculares en forma y reverenciales en fondo gracias a la participación del respetable… Maravillosa “Grace (Write Me)” abriendo un impresionante triplete de bonus… ¿Y “Magnolia”? La piel de gallina al recordarla, similar a “Father Speaks”, a la vivaracha armónica de “Backwoods Travelin’” o las titánicas guitarras del cierre vía “Hello From Venus”… Majestuosa “Majestic” y el nuevo single, “Let The Child Ride” una auténtica sobrada. ¿Y qué me dices de los espirituales ecos de “Good Time” o los falsetes funkys de “Messenger’s Lament”…? Entre sonrisas, exclamaciones y muestras de incredulidad por la autoridad demostrada por Screamin’ Cheetah Wheelies y cómo no, por el estupor que nos produjo la presencia del amigo Gabi intercambiamos y coincidimos con las opiniones. Así es el rock and roll, y como hemos especificado al principio, iba a resultar muy complicado ordenar ideas. Así son las sensaciones. Eso nos provoca el calor del directo, el contacto con la gente, el sudor, el rugido de las guitarras, las voces acrisoladas, las románticas melodías y los candentes ritmos. Así nos salen los relatos. Unos días estaremos más hábiles, otras veces menos agraciados, pero siempre estaremos profundamente agradecidos.

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