La Sala BBK experimentará el ritual de Sotomonte | GR76


Enmarcado en el ciclo Hiriz Hiri de la Sala BBK ubicada en el meollo de la capital bizkaina, o sea, en una arteria como la Gran Vía, este sábado 18 de noviembre se presenta una buena y nueva oportunidad para la afición roquera: Sotomonte. Una banda suficientemente conocida en la zona, porque sus integrantes son músicos de la tierra que han estado o siguen estando involucrados en bastantes proyectos al margen del evidente. Tampoco vamos ahora a confeccionar un exhaustivo listado de esas formaciones, porque el tiempo apremia, sería extensa esa lista y tan solo con mencionar a los artífices del cónclave nos ahorramos las referencias. Veamos, el sumo pontífice, Jokin Salaverria como predicador principal y a su vez encargado de las simetrías acompañado por los cardenales Xabier Badiola y Miguel Moral, administradores de cuerdas y corales, su eminencia Alberto Trigueros a los mandos del órgano y el ministro Unai G. Kortazar como custodio de campanas y panderos.

En la celebración serán alabados los Evangelios lacrados en su primer decálogo de culto, un magnífico ideario de credos y liturgias llamado “From Prayer To The Battlefield” al que, según tenemos entendido, próximamente se unirán nuevos códices de este fervor acogido como hard folk. Y si el señor Salaverria así lo determina, nada que objetar. Es más, tiene su lógica o cuanto menos cierta coherencia el término, ya que sus homilías resultan profundamente espirituales mientras sus parábolas y moralejas, donde se perciben frecuencias de Laurel Canyon o amparos anglicanos, abrigan con la firme voluntad de encontrar la paz, de hallar el camino mostrado en fortalecedores versículos como “Fishbowl Of The Gods” o “When Your Days Are Gone”. Refuerzan tanto como la misericordia de “Believers Of The Mass”, como la penitencia de “Moral Blindness” o las plegarias de “The Written Script”. Está previsto que el oficio, auspiciado por los benefactores Noise On Tour y Emankor Sarea, comience a las ocho y media del anochecer mientras que la capilla abrirá sus puertas con treinta minutos de antelación, tiempo suficiente para que los feligreses vayan accediendo con tranquilidad. ¡No se hable más!

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