Viernes 3 de noviembre de 2023 en Sala Rocket, Bilbao
Otoño. Época de colores cobrizos, época de nostalgias. Época de frescas temperaturas que invitan al calor humano, suplicantes lloviznas que calcan sollozos y memorias, agradecidos y provechosos mediodías empleados para recargar las pilas gracias a esporádicos rayos de sol y el tan molesto y a su vez anacrónico cambio horario que secuestra horas de luz. Una época inspiradora con bastantes alicientes que a uno le reporta sosiego, equilibrio y dinamismo siendo, además, una época muy musical aunque los pajarillos emigren a zonas más cálidas. Sin ir más lejos, el viernes pasado era uno de esos días musicales o musicados en el botxo, puesto que los distintos recintos destinados a ello estaban prácticamente ocupados. Funciones de todo tipo por todos los rincones y nosotros, atendiendo otras cuestiones, porque… Porque el 3 de noviembre es una fecha señalada en el terreno personal y afectivo, un día reservado a rescatar anécdotas, revisar viejas fotografías y rememorar con cariño a quien ya no está físicamente con nosotros pero permanece en nuestros corazones.

Pero este tercero de noviembre sería diferente, porque se anunciaba la llegada de un vendaval procedente de la ciudad del viento, y no hablamos precisamente de fenómenos atmosféricos, sino de un fenómeno rockero, The Kleejoss Band. Por lo tanto, había que darle una vuelta a las rutinas anuales ya que los mañicos son gente que se han ganado nuestro cariño y visto que Bilbao representaba el inicio de la gira y por consiguiente, la presentación oficial de su último tratado, debíamos intentarlo. Si dispones de una oportunidad… No dejes pasar el tren, que es algo bastante representativo del ser humano y por supuesto, de uno mismo. Tal vez en este aspecto podría considerarme como “El Hombre de las Oportunidades Perdidas” dado que hasta el día de hoy varias de ellas se han esfumado por algún resquicio o para ser más exactos con la realidad, en no pocas ocasiones hemos dejado escapar. Sin embargo, me puedo dar por un sujeto “Afortunado” por diferentes motivos, múltiples circunstancias y unas cuantas carambolas que tienen un indudable nexo de unión: las “Estaciones”, la témporas, el albur, las prórrogas o ese vocablo de misteriosa transcripción como es el destino o el mismo “Porvenir”. De todas maneras podríamos decir que ese camino iluminado por la intensa luz de “El Faro” compañero e incondicional lleva años resultando gratificante, transmitiendo claridad. Así que la insistente pregunta “¿Cómo Hemos Llegado hasta Aquí?” flota en el aire machacando hasta encontrar una respuesta que evidentemente se encuentra “En mis Manos”, en el corazón, en una fuerza interior o simplemente, en la gente que es “Imprescindible” en tu vida.

Una respuesta que se encuentra en los momentos compartidos teniendo en cuenta que “Las Canciones no esperan” o buscando tu espacio o el anhelado “Norte-Sur” que equilibre los chakras. Se encuentra también en la lucha, en esta encarnizada carrera buscando el bienestar, entre la misma “Maleza” o en “Ruinas” quizás, en un laberinto o en territorio amigo. Por ejemplo, en el rock and roll. Fiel camarada, siempre insuflando entusiasmo en los buenos momentos y custodiando en los no tan buenos. Seamos “Malvenidos” o no, el rock and roll soporta nuestros cambios de humor, es nuestro tratamiento contra la ansiedad y nos ha reportado grandes encuentros, grandes alianzas. Una de ellas, The Kleejoss Band, unos músicos obstinados que llevan tiempo seduciéndonos con sus actos y sus canciones. Como el viernes, que no parecía un día apropiado para cruzar la AP-68 desde Zaragoza a Bilbao, pero como buenos mañicos que son… Cogieron el atril, los trastos, subieron a la furgoneta y… ¡pal botxo, joder! Que era la presentación oficial de su séptimo álbum, un acontecimiento que llevaban rumiando desde hace demasiado tiempo como para desestimar por pequeños inconvenientes derivados del mismo tiempo, en este caso una inoportuna borrasca.
Como apuntara Andrés, “era un día especialmente especial”, una fecha que debían afrontar aunque la meteorología no acompañara. Una fecha que es única e irrepetible porque no controlamos aún la recuperación de las frecuencias o la regresión temporal (aunque hablando de rock and roll, las alarmas podrían saltar) y una cita, o mejor dicho, una audiencia que difícilmente olvidará un show que enfatizaría la profundidad narrativa, los interrogantes, las perífrasis y las reflexiones marcadas en un repertorio que, pese a estrenar títulos, conservaría la personalidad de un cuarteto orgulloso de su pasado, sólido en las distancias cortas y animado en seguir adelante. Volvemos a decir que como buenos maños que son, no se plantean arrojar la toalla, disminuir el ritmo autoimpuesto ni sumirse en una indolencia creativa que les impediría componer canciones como una “Ladrar o Morder” necesitada de pocas aclaraciones pues el título es sintomático y su contenido… Habrá que escucharla, ¿no? En principio la interpretaron como despedida junto al compadre cántabro Marcos Quevedo, pero la gente no estaba por la labor. La gente pedía más. Hubo más. Hubo alabanzas, aleluyas y vimos un broche de oro para una soberbia gala basada en su compuesto de versos y notas, metáforas y rock and roll así como en la consistencia del tándem medular formado por los platos y timbales del señor Mayoral más los métricos cordajes del señor Prol y en las lúcidas y viciosas guitarras del señor MacMalo y del señor Kleiser, encargado también de tonificar el ambiente con sus líricas, sus arengas y sus firmes desafíos. Y se prolonga todavía porque siguen zumbando los oídos con los disparos de un “Revólver” comprometido, con el escalofriante y colectivo “uhuhuhuhu” de “Anónimo Campeón” y el no menos impresionante “uhuhuhuhu Lord I miss you…” stoniano que pondría a prueba las gargantas del personal, lo cual subrayaría con socarronería jotera el bueno de Luis. “Os habéis quedao con la buena, cabrones”. Nos quedamos con las vuestras, que lo sepáis. Nos quedamos con todo aquello que está por venir y seguiremos cambiando minutos por momentos con vosotros, majicos. Gracias por existir, klijos queridos.

