Sabíamos que el murciano Francis Sarabia tenía intención de estrenarse en solitario después de haber estado involucrado en diferentes bandas o haber colaborado con otras tantas gracias, en gran medida, a las típicas casualidades que suceden de vez en cuando en este espídico y enfermizo trayecto lleno de altibajos en el que luchamos por subsistir. Luchamos, buscamos, en ocasiones hallamos e insistimos, puesto que la vida son fases llenas de percances y oportunidades, diferentes estados emocionales y un sinfín de preguntas sin respuesta así como otras tantas respuestas de dificultosa aceptación. La vida es hermosa y jodida a la vez, ¿no? Y aunque suene pretencioso, manido y por lo tanto, poco original, la vida es rock ‘n’ roll, que son precisamente los embriones de este primer ensayo personal que (suponemos) el amigo Sarabia perseguía con ahínco. Un objetivo que algún día debía alcanzar. Afortunadamente, alcanzado está, e imaginamos no habrá sido una tarea sencilla dado que ha pasado un tiempo desde que meses atrás anticipara un primer single personalmente anotado como óptima toma de contacto, pues crearía cierto morbo (en el buen sentido, claro) e impaciencia sobre el resto de un elepé con varias incógnitas por descubrir.
La búsqueda, en cualquier ámbito o circunstancia de la vida debería ser el motor principal de nuestro proceso vital, siendo este criterio una de las grandes cualidades de un disco que, aparte de ostentar un relevante enunciado, mantiene un gran equilibrio entre planteamientos lingüísticos, procedimientos musicales y demostrando su disposición como compositor. Este soy yo, Francis Sarabia, estas son mis canciones, estos mis códigos, estas mis convicciones y este, un pequeño extracto de esa búsqueda antes aludida. También una osadía o un estímulo, que al fin y al cabo vienen a ser términos que, aun sin poder calificarlos como análogos reúnen consonancias o sentidos vinculantes. Nos referimos, por supuesto, a búsqueda, osadía o estímulo, tres conceptos examinados durante diez canciones y cuarenta minutos en los que la profundidad poética, la carga lírica, la eficacia gramatical o como usted prefiera denominar, es equivalente al peso musical o a los cuidados aderezos cuasi identificables al rock murciano que sobresalen en este ejemplar realizado por una formación de garantía. A saber: Juan Antonio Montoya como encargado de guitarras y producción junto al propio Francis Sarabia, Juan Alarcón, quien también se ocupa de guitarras y bajo, Lucas Albaladejo con Hammond, órgano y piano, al contrabajo y armónica Pablo Orenes y el baterista Raúl García más los coros de Susana Reche y Paula Marengo.
Por todas sus aristas, recovecos o entresijos y por descontado, desde la introducción que sirviera como avanzadilla de esta ópera prima, el disco exhibe todo tipo de manuales inherentes al rock ‘n’ roll así como bastantes predicados o enfoques como sucede en este caso, ya que “Bienvenido al Mundo” funciona como una perfecta carta de presentación dada su progresiva cadencia y reflexivo carácter repasando la complejidad de esta aventura acompañada, eso sí, de refinados teclados, una guitarra dogmática y unos coros contagiosos. Después del intenso comienzo, emerge la figura de Jaime Moreno, cantante de la formación gaditana The Electric Alley en “Sabe mejor”, una canción que le viene de perlas por la aproximación a las hechuras de los andaluces y porque puede sacar a relucir, en pugna con el amigo Sarabia, sus característicos agudos. Cada pasaje del elepé es una demostración de recursos y sentimiento en sus múltiples variantes y mientras el caballero se muestra penitente en la melancólica “Donde hubo una llama”, amplía el registro pasional en “Cama y Hostal”, una efectiva combinación de acentos, versos y elementos llamada a suscitar grandes diagnósticos por parte de la audiencia obligando, a continuación, al movimiento corporal y hasta gutural en el endiablado ritmo funky “Mamíferos”.
Vuelven los escalofríos. Vuelven los estremecimientos y los corazones se contraen en “No te importa nada”, bella serenata de incalculables dictámenes incluso orientaciones que subyugan y en cierta manera demandan el amparo, la reflexión o exámenes particulares debido principalmente a la nostálgica fisonomía de la construcción musical pese a que notas y voces se funden en un emotivo abrazo que obliga a la colaboración. Tiene anchas espaldas el tío, no hay duda. Tiene buen paladar, tiene horas de viaje y suficientes habitaciones de hotel registradas como para no darle una oportunidad, y este álbum puede ser una excelente ocasión para tantear la proposición del caballero. Ya hemos apuntado que la influencia territorial puede ser recurrente y hasta razonable, sin embargo hay más fundamentos por encontrar. Tan pronto se adentra en nuevos nuevos terrenos como el shuffle en “Siempre en el mismo lado” como mantiene viva la llama del blues convirtiendo el clásico de Sam Cooke “Bring It On Home To Me” en “Trae contigo tu Amor” o persiste en el intento con el ritmo soulero groovy “Tu Final” reservando para el ídem, o sea, el final, una engatusadora despedida interpretada con la única y magistral compañía de un piano conmovedor: “No sé decir que no”. Hágase un favor y no diga a Francis Sarabia que no.
