Sábado 16 de septiembre en Kafe Antzokia, Bilbao
Después de anunciar que la presentación de “Hell’s The New Heaven” tendría lugar en el Kafe Antzokia y de ofrecer nuestro punto de vista sobre el disco de Noa & The Hell Drinkers, una voz interior presionaba e insistía con la idea de hablar sobre la gala en cuestión. Si me lo permiten, un tanto complicado el asunto. Un tanto confuso más bien, puesto que en la cabeza todavía sigue revoloteando tras una semana un maremágnum de imágenes, ideas y conceptos que posiblemente nos lleven a la temible reiteración, al déjà vu narrativo o al simple hecho de no desglosar con propiedad. De todas maneras, habrá que intentarlo, ¿no? Veamos. El cuarteto The Half Nelsons, compuesto por conocidos y reconocidos músicos de la escena local (y talla mundial, que somos de Bilbao) como los hermanos Aitor y Eneko Cañibano, Dan Cabanela y Ander Alonso serían los encargados de encender los ánimos a la gente. Y vaya si lo hicieron. Bajo perspectiva acústica aunque el dobro de Aitor, la guitarra de Dan o el contrabajo de Eneko estuvieran enchufados, con su característico gracejo y una ristra de revisiones de altura los tíos no bajaron la intensidad durante su intervención. No olvidemos que sus carreras por separado tienen diferentes direcciones en cuanto a bandas, por supuesto, ya que el faro musical es el mismo para los cuatro y si me apuran, lo podríamos extender al resto de partenaires de velada. Que sí, que hay variados ingredientes y múltiples corrientes como el swing, el honky tonk, el country, blues, rhythm and blues y un largo etcétera, pero todos esos estándares los concentramos en el jodido rock ‘n’ roll que sería, en definitiva, el eje fundamental de una función completada con maravillas como el inicial “Luckiest Man” de The Wood Brothers (más tarde repararemos en alguna curiosidad) y clásicos de Ray Lamontagne, Elvis, el señor Zimmerman y The Band, la grandísima Sister Rosetta, la no menos notable Norah Jones o Billy Strings, que en un futuro lo será. Un set certero, gozoso, bailable y muy aplaudido por el respetable.

La actuación estelar llegaría en un visto y no visto. La actuación estelar obró como tal, funcionando a pleno rendimiento como si estuvieran disputando la corona a la mejor banda europea de blues con otras venidas de diferentes rincones del viejo continente, que, para los no iniciados, es una distinción que ostentan desde hace un par de meses. Segunda formación vasca en conseguirlo tras unos Travellin’ Brothers que triunfarían en la edición de 2015, que quede constancia. Uno de esos apuntes que nos induce a pensar en reiteraciones, pero es digno de reseñar. Al César lo que es del César, y si hay que repetir, se repite. Además, los hermanos Cañibano desempeñaron esa noche el cometido de portadores del testigo, así que habrá que remarcarlo, ¿no? Como también deberíamos remarcar la excelente disposición de la banda con Noa al mando de las operaciones secundada por tipos totalmente fiables como Manu Gestido al bajo, Paul San Martín en piano y Hammond, Igor Telletxea a la batería y el guitarrista Gonzalo Portugal. Nos salimos del guion por unos segundos. Tal vez no sean ni el momento ni el lugar, pero este bluesman nacido a orillas de la ría nos tiene abducidos, no lo podemos evitar, y reparando en la curiosidad antes señalada, él también interpreta individualmente o en su proyecto personal maravillosamente la canción de los Wood Brothers.

Si mal no recordamos, el concierto de Noa & The Hell Drinkers rondaría las dos horas lo cual, ni mucho menos, es un inconveniente. Todo lo contrario. Es un currazo absoluto, fue una delicia. Un desfase. Además, se acompañaron en diversos tramos con las angelicales voces de Inés y Otxi que engalanaron aún más románticos correos como un “Whiskey & Cigarette” que implantaría un colectivo y profundo síntoma de estremecimiento en el auditorio. Siendo fieles al orden establecido, deberíamos decir que vino precedida por la fulgurante salida “Voodoo Woman” (Koko Taylor) incluida en el disco “Craft Blues” al que seguirían recurriendo con la felina “Let Your Hair Down”, la sensualmente abrasiva “My Friend Johnny” y la fronteriza “Solo”, por lo tanto, en quinta posición se encontraba la primera de su último disco. Inmejorable introducción. Emocionante interpretación. Estremecimiento, lágrimas compartidas y una floreciente sensación de disculpa barra melancolía barra amor barra desamor flotaba en el Antzoki y atravesaba corazones cuando la robusta voz de Noa gobernaba y sus compañeras Inés y Otxi custodiaban con esplendor, cuando el Hammond de Paul conmovía, cuando Igor atenuaba desde la retaguardia, cuando el bajo de Manu brillaba en la oscuridad y Gonzalo abría las puertas del cielo con su guitarra.
Fuimos afortunados y recompensados porque pudimos comprobar en directo la delicadeza e inmensa magnitud de canciones tipo “No Baggage Claim”, la sentimental “Devil’s Lullaby”, la pícara “Tobacco Road”, la categórica “Boogie Woogie Bang Bang” o diamantes en bruto como “The Last Goobbye”, donde Noa se enfrentaría en solitario al piano y a un considerado público al que conquistó logrando un efecto cuasi inaudito por aquello del mutismo general. Que fue fugaz. Fue breve y exclusivo porque durante el ejercicio la gente respondió encolerizada a los envites de cualquiera de los oficiantes ya fuera en la resbaladiza (por aquello del slide) “Worried Mama’s Blues” o por eufonías de esas consideradas épicas pues su carga lírica es equivalente a una solemnidad instrumental que sitúa en desfiladeros del Gran Cañón, en acantilados de la costa Pacífica o en los fríos y ventosos lagos del norte, en humeantes clubs de carretera, en humedales del Golfo de México o en litúrgicas asambleas de la Gran Manzana: “Trouble”. Extraordinaria como la robusta adaptación de “Roadhouse Blues” de la que sobran detalles o en la revisión de la visión eléctrica de Rory Gallagher del clásico “Bullfrog Blues” de William Harris a quien posiblemente conocimos por medio de Canned Heat. Como el caso anterior, deberían sobrar detalles, pero nos centraremos en la sobrada (bien entendida, claro) del señor Gonzalo Portugal. De alguna manera había que bajar el telón, y para ello recurren a los Half Nelsons con quienes subieron un mercurio que ya rozaba temperaturas de vértigo con la prodigiosa “Steamroller Blues” y un “Sweet Inspiration” que se convertiría en la dulce despedida. El inspirador cierre de un gran recital.

