minientrada SmallTown Rock Fest, a seguir creciendo. GR76


Castillo de Portillo y Centro Artis, Arrabal de Portillo (Valladolid), 4 de mayo de 2019

Parece que fue ayer cuando todo este fenómeno arrancó, pero qué va, se ha cumplido la tercera edición ya, y la verdad,  las expectativas no pueden ser más halagüeñas debido al constante crecimiento entre los asistentes y un mayor seguimiento por parte de los medios especializados. Si ya en la anterior edición se puso el listón muy alto, en esta se ha elevado. Formato enormemente atractivo con la sesión vermut con un encanto bestial a los pies del Castillo, y posteriormente jornada de tarde noche en el Centro Artis. Un recinto en unas condiciones perfectas, que permite desenvolverte sin agobios ni ataduras, y en el que es posible ver los conciertos a un metro del escenario, o incluso mantener charla en los momentos previos con los músicos. Por todo esto y por la gran afluencia de muchísimos conocidos llegados de distintos puntos dentro de este circo tan apasionante, hemos vivido un festival increíble. Ambiente, camaradería y amistad se dieron la mano a golpe de rock&roll. ¿Qué más se puede pedir?

Pero vamos ya con la sesión matinal, en un marco incomparable como es el Castillo de Portillo; rápidamente buscamos aparcamiento a sus puertas y nos pudimos percatar de la presencia ya de los grandes protagonistas. Uno se preguntaba y tenía cierta curiosidad por oír las canciones de Uncle Sal en semejante recinto. Tras un ligerísimo vibrato en la voz de Soulman Sal en los dos primeros temas, enseguida comprobamos que la acústica iba a ser buenísima compañera de los muchachos. Nos presentaban su flamante “The American Dream” recién salido del horno y había una gran expectación. Sin duda se mascaba en el ambiente. Como no podía ser de otra forma su setlist trascurrió por el grueso de su última obra, comenzando de manera apabullante con el tema que da título al disco. Con apenas unos meses de circulación ya se ha convertido en un clásico de la banda con una melodía y unas guitarras atemporales que nos trasportaron por los senderos del mejor rock americano. Acabábamos de llegar y ya estábamos tocando el cielo con los ibicencos. A renglón seguido turno para el cruce de guitarras efusivo y marcada emotividad de “Drinking Days” invitando a los bailes y las euforias del respetable. No había trascurrido la primera media hora, y la banda demostrando todo su arsenal, todo su potencial, conmoviendo a todos los presentes en ese mágico lugar testigo de la comunión entre el combo y unos afortunados asistentes. Suena “A Running Buffalo” celebrada a raudales. Fascinante, seductora, hechicera, imposible no disfrutar del embrujo de este precioso medio tiempo. Un servidor deseando que aquel momento no tuviese final. Con “All The Family Tragic Deaths” otro de sus nuevos temas, el culto a la melodía en unas mastodónticas guitarras que nos trasporta en ese inmenso cielo de Portillo. Brillo y felicidad eterna en las miradas, todo un lujo. Cambio de rumbo y llega el momento de una infecciosa “Snakebite Fever”, ¿psicodelia contenida? Madre mía, ¡qué burrada! En el apartado de las cover,  piel de gallina en “Spirit In The Night” del Boss, carga emocional en su máxima expresión. Y para cerrar una salvaje “Rockin’ In The Free World” con un Sandro totalmente desbocado con su Les Paul. Demostración de aplomo, confianza y puesta en escena gracias en parte al feeling entre Banker, Francis, Gabe y Soulman. Estaban “on fire” amigos, y sin temor a equívocos, subieron el listón del pasado año, confirmando que Uncle Sal definitivamente han dado ese gran paso. Me gustaría destacar la plenitud vocal de Mr. Soulman Sal; su voz se erigió por cada rincón del castillo de forma magistral.

Por la tarde los encargados de abrir el fuego fueron  Northagirres. Personalmente era mi estreno ante de ellos, y siendo honestos esperaba mucho de su propuesta, simplemente era cuestión de confirmarlo en vivo. Abrieron con un stoniano “Lo pactado” y acompañados de un sol radiante, comenzaron brillando los de Urretxu. Aquello prometía, sí. Todo un arsenal de riffs y actitud que engancharon desde el comienzo entre los asistentes, con ese punto de chulería siempre necesario en los parámetros que se mueve la banda, rock&roll de alto octanaje. Con “Norte y sur” dieron paso a una brillante melodía, donde destacaron en su parte final el arrebatador  hammond  de Ana y las guitarras entrelazadas  de Aitor e Iñigo. Se vivieron minutos brillantes con la intensidad emocional de “Cuéntales”, excitantes pildorazos como “La boca rota” o demostraciones de categoría y poderío como “Anoche vendí mi coche”, donde los teclados y las guitarras pisaron el acelerador  hasta el infinito. Concisos y directos al grano. Gran forma de comenzar la jornada vespertina en el SmallTown.

Les llegaba el turno a continuación a los reputados Travellin’ Brothers,  con más de 1000 conciertos a sus  espaldas, cantidad de giras por medio mundo, y laureados como mejor banda europea en 2015. Todo hacía presagiar lo que nos venía encima, y al finalizar tuve la sensación de que fueron de menos a más. Nos deslumbraron con su coctelera sonora, efluvios del delta, New Orleans, bastante soul, y no digamos cuando se adentran en terrenos funkies… prepárate  para mover el body. Destilaron swing y groove a diestro y siniestro.  El que escribe se hartó de bailar, y de recoger instantáneas mientras el público no paró de moverse y disfrutar. Si lo que buscaban era participar de esa fiesta, desde luego lo consiguieron, ya que los bilbaínos sacudieron  el recinto de lado a lado. Chapeau.

Los Chicos

Y aún nos faltaba uno de los platos fuertes del día, ni más ni menos que el excepcional  y  estelar Julián Maeso. Frío y aire arreciaban llegada la hora de su comienzo.  Dio paso a su set list con un portentoso “Before They Leave” de su último trabajo hasta la fecha, que a pesar de las pésimas condiciones meteorológicas, resultó conmovedor. Tonada de una belleza al alcance de pocos. Pero hablamos de un tipo que aparte de un talento innato dentro de este mundillo, también es astuto como pocos. Había que calentar a los fieles, y se colgó su Gibson SG, tirando esta vez de un repertorio con más músculo que de costumbre; su receta fue clara, menos black music y más rock. Suena la arrebatadora “I Must Been Dreaming”, donde Maeso trasmite una gran fuerza apoyado en esa privilegiada forma de cantar, y en “Someday Maybe Someday”, apoyado en unos coros femeninos que destacaron toda la noche, nos remite a esos espacios quijotescos imprescindibles para vivir, mientras “Trought An Early Honeymoon” se apodera de las almas logrando subir una temperatura que pretendía achantar al personal y obligando a mover el esqueleto a ritmo de funky. Otro gran viaje por la América de los ’70 gracias al toledano, portentoso como siempre.

Cerrando la jornada Los Chicos, aunque era casi ya momento de regresar, pudimos comprobar in situ los primeros temas. Los madrileños desgranaron su particular visión de ese extremo garaje. Aquello fue una tormenta de intensidad, un no parar, y posteriormente me contaron que el público acabó exhausto. Como la banda, imagino. Dar las gracias a la organización y en particular a Alex. Este año fue todo un lujo, a seguir creciendo.

Pedro Miguel

 

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