minientrada WOP Festival, despertando emociones, iluminando sueños. GR76


Sala Santana 27, Bilbao, 19 de noviembre 2016

wopEl WOP Festival es un evento que nos sedujo desde su nacimiento e imprescindible se ha convertido con el paso del tiempo. Una organización que nos mantiene despiertos y alimenta nuestros sueños, un bien necesario con cinco ediciones a sus espaldas (alguna tratada desde GravelRoad76) emitiendo las vibraciones necesarias para agitar el corazón con la firmeza de un fascinante proyecto de cristalino objetivo: ayudar, colaborar y financiar proyectos de investigación para terapias curativas de enfermedades neurodegenerativas e intentar mejorar el futuro de esos pequeños que son el futuro, aunque no debemos olvidar que la fundación realiza durante el año diversas actividades paralelas a la organización de este festival.

Este sexto capítulo varía un poco el planteamiento de años anteriores y se inclinan por dos bandas nacionales de contrastado nivel y un americano cuasi hispánico entregado a su alegre cancionero. Así pues, el insigne legado de 091 se perfilaba como el reclamo óptimo para la convocatoria, pero no deberíamos olvidar que The Kleejoss Band tienen ante sí un deslumbrante porvenir y Kurt Baker es uno de esos tipos que siempre obtienen una buena valoración en sus actuaciones, por lo tanto la decisión no era demasiado complicada. Debíamos acudir. Debíamos presenciar el festival y más tarde compartir de nuevo la experiencia, comprender la labor de The Walk On Project, apoyar y disfrutar. Sentirnos vivos. Sentirnos útiles. Sentirnos unidos. Sentirnos solidarios. Porque intuimos lo complicado de esta odisea, y porque es una hazaña continuar año tras año moviendo corazones, removiendo conciencias, agitando emociones y estimulando sensibilidades con la dificultad añadida de una colmada oferta en cuanto a programas similares y la embarazosa situación actual.

Puntuales nos presentamos a las puertas de una sala Santana 27 que no presentaba una imagen demasiado halagüeña, angustiosa quizás, pero esa extraña sensación de intangible vacío se vio rápidamente compensada por el calor del inesperado reencuentro con una jovial amiga madrileña. Sí, de Madrid para estar presente otro año más en el WOP, al igual que otros fieles seguidores venidos de puntos muy variados con la sana intención de cantar, bailar y colaborar. kleejoss-bandPrimeros minutos de espera mientras comprobamos cómo se va acercando a cuentagotas el personal, y de repente… “Ballad Of The Working Man”, el saludo crepuscular de la banda zaragozana que capta la atención de los allí presentes, aproximando a los indecisos a unas desahitadas primeras filas que inmediatamente mudan de piel. Rotundos, traviesos recordando su debut con “I Am The Bronco” y magnéticos con la impresionante cadencia de las guitarras y el ritmo campero de “Drowning”. Cuatro tíos con confianza suficiente para llenar el espacio con la naturalidad y picardía de unas canciones confeccionadas bajo el paroxismo del rock clásico e infinidad de identidades hacinadas en una única autoría: The Kleejoss Band. Puede que alguien piense que valoramos bajo cierta subjetividad, pero la objetividad siempre prevalecerá sobre otra circunstancia, y en este caso estamos ante una formación de gustos, recursos y extraordinarios encantos como “I Didn’t See The Waterfall”, romántica epopeya que si en casa presiona el alma en directo emociona por su gaseosa harmonía y penetrante melancolía. Anuncian que se aproxima el final en “No Glam In Rock N’ Roll” y se observan algunas tímidas exclamaciones de contrariedad, pero ese epílogo estaba reservado a otra de esas canciones con las que consigues levitar: “River Sound Unleashed”, una pieza de orfebrería que demanda la fuerte ovación en su despedida. Aquí hay potencial.

El cambio de backline entre los maños y el Combo de Kurt Baker debió batir el record (si lo hubiera) de metamorfosis escénica, porque apenas pudimos pedir un refrigerio y dar precipitadamente un primer trago. En cuestión de minutos los músicos y roadies que poblaban el tablao habían desaparecido y su lugar lo ocupaban el caballero y sus acompañantes dando la bienvenida a una entusiasta audiencia que respondía enérgicamente a “Weekend Girls”. La llamada surge efecto. El jolgorio de las juveniles bravatas de Baker despiertan a una afluencia que si antes echábamos de menos parece ir aumentando en número y en disposición, mientras en las primeras filas se aprecian síntomas de propiedad privada, o sea, ¿a dónde crees que vas…? Ráfagas punkarras, callejeros ramalazos y postulados rockeros impulsados por poderosas guitarras poperas muestran un sencillo y efectivo universo musical que incita a mover las caderas con “Baby’s Gone Bad”, recupera tendencias sixties con “Steppin’ Stone” (The Monkees) o perpetúa grabaciones inmortales con misivas propias como “Rusty Nail” o “Want You Back”. Con la lección del “one, two, three…” bien aprendida y la quinta velocidad permanentemente metida sorprende la momentánea compañía del andaluz Diego Fuentes, más conocido como Dogo, conocido como frontman de Los Mercenarios. En “Rock and roll caliente” muestra un porte pendenciero que no decaería hasta “Mala reputación”, dejando a los chicos concluir su intervención aproximándose a las costas británicas con las guitarras stonianas de “I Can’t Wait” y la sinergia de “Don’t Steal My Heart Away”. Sencilla energía.

kurt-bakerEl horario establecido nos concede los minutos suficientes para salir a recuperar fuerzas con el merecido tentempié y afrontar así el último desafío: los granadinos 091. Sabido es que este año su “Maniobra de resurrección” está obteniendo unos resultados tal vez no imaginados el día que decidieron celebrar este reencuentro, pero el número de conciertos ofrecidos junto a las asistencias y posteriores elogios son sus mejores credenciales. De vuelta al puesto de vigilancia nos cruzamos con varios aliados, pero debemos apresurarnos pues no somos los únicos que pretenden alcanzar unas solicitadas primeras posiciones conmovidas con las notas de “Man With A Harmonica” y una acentuada iluminación a fuego y sangre. Se adivinan las sombras de José Antonio García flanqueado por los hermanos Lapido a las guitaras, Tacho sentado tras los parches y Jacinto a las cuatro cuerdas entre ovaciones y aplausos. Acto seguido el instrumental “Palo cortao” hace las funciones de eslabón entre la intro y su propio material, y observando el entorno intuimos que va a ser una sesión especial. Una función rebosante en recuerdos, en sensaciones, en sobresaltos, en emociones. Una reunión en la que los ecos del pasado rejuvenecerán nuestro presente cuando coreamos “Qué fue del siglo XX” (quién sabe qué nos deparará el futuro) y jugamos a intrépidos reporteros en un atestado coto reservado a los camarógrafos. Una noche de canciones desesperadas (“El baile de la desesperación”), historias fundamentales (“Nada es real”), incógnitas inevitables (“En el laberinto”), o epístolas que dejan “Huellas” manifestando enérgicamente “Este es nuestro tiempo”, acreditando que sus letras siguen vigentes a pesar del período transcurrido. 091Canciones resucitadas, coplas recitadas. Cartas marcadas como “Otros como yo” donde distinguimos las estimulantes guitarras de los hermanos y un pícaro José Antonio que se entrega en cuerpo y alma, se encoleriza, se tranquiliza, gesticula, te provoca cuando proclama que “Sigue estando Dios de nuestro lado” o se vuelve nostálgico encendiendo “la llama que nos calma la ansiedad” en un emotivo y fuertemente sentido “Un cielo color vino”, tras el cual retrocedemos unos metros para descubrir esos detalles que únicamente permite la distancia. El público es el mismo, su entrega similar, sin embargo la nueva perspectiva permite sentir el embravecido oleaje de brazos y sienes, o beber cómodamente una birra mientras el masivo coro de “La torre de la vela” despide al quinteto que muta en dueto tras el pertinente “Ceeero… Ceeero… Ceeero…” Vuelven al escenario los José (Ignacio y Antonio) transformando un alarido londinense en sonata de Asbury Park o reflexivo quejío de Graná. Si “La canción del espantapájaros” conmueve en su versión original este tratamiento acústico detiene el reloj, acelera el pensamiento, contrae el corazón y ves ojos vidriosos a tu alrededor cuando el alma suspira, oyes cánticos entrecortados, enternecidos, te mimetizas, te conmueves… Soberbio. Tras el arrebato producido “Esta noche” se despiden por todo lo alto con “La calle del viento” y el público no deja de exteriorizar felicidad. Calma tensa. Parece que regresan. La iluminación se centra en José Ignacio que muestra su agradecimiento a la asistencia y organización, a quienes reserva un emotivo discurso entre múltiples aplausos. Emotiva, conmovedora y sentimental es “Como acaban los sueños”, donde las guitarras muestran su jerarquía y linaje nazarí, reservando como despedida su bienvenida años atrás con “Fuego en mi oficina” cerrando el círculo y abriendo el camino para un nuevo WOP Festival. Otra noche más volvimos a soñar despiertos en el regazo de The Walk On Project empeñando un trocito del alma, entregando parte del corazón.

Rafa Robledo

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