minientrada Austin, Seattle, Bilbao. Izar & Star (GravelRoad76)


Boogie Riders vs. Stevie Ray Vaughan & Quaoar vs. Pearl Jam & Seattle Grunge Scene

Kafe Antzokia 4 diciembre 2015

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Cuando hablamos de rock n’ roll citamos irremediablemente a grandes del género e intentamos mantener el equilibrio por la cuerda floja del fanatismo moderado mientras nos guiamos con las trayectorias, obras o canciones que dirigen parte de nuestros pasos. Muchas de esas notas o acaso modas las podemos disfrutar en Izar & Star, una suerte de altar musical donde parte de las formaciones vascas ofician ceremonias honrando a alguna de esas vacas sagradas. En ocasiones hemos hablado de esta singular y brillante idea de la que resulta difícil abstraerse. En ocasiones hemos acudido a rituales que son disfrutados a partes iguales por oficiantes y asistentes, donde las sesiones que dan sentido a un proyecto tan reluciente como las estrellas tributadas son dirigidas con entusiasmo y mucho respeto. En el caso que nos ocupa los nombres de los homenajeados son sencillamente aplastantes, iconos en cada uno de sus apartados, estandartes como Stevie Ray Vaughan o Pearl Jam, leyendas que no podíamos desatender. Para ello, Boogie Riders y Quaoar, bandas que no debemos descuidar.

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Cuando hablamos de blues generalmente a uno el corazón se le encoge. No voy a decir que sea un especialista ni un erudito en la materia, pero las notas, los famosos doce compases podríamos decir que me enloquecen tanto como el rey, Stevie Ray, una pasión desmedida. Casi enfermiza, porque el tejano y sus compañeros pertenecen a ese selecto clan de incunables que consiguen con el paso de los años aumentar su condición y siempre resulta gratificante recordar. _MG_5067Un desafío para los chicos de Arrigorriaga, una ocasión única donde a pesar de las similitudes existentes no se trata tan sólo de interpretar dignamente el legado del caballero. Hay que interiorizar las canciones, los gestos, las maneras. Creer en la lírica instrumental de “Testify”, olvidar los momentáneos nervios del comienzo y disfrutar con la envolvente riqueza de “Mary Had A Little Lamb”, la catarsis emocional que transmite “The Things (That) I Used To Do”, o captar la atención con “Cold Shot”, sabiendo que entre el público se encontrarán duros e intransigentes examinadores dispuestos a comparar o frivolizar sobre el cordaje, las guitarras, las canciones elegidas o incluso la voz. Mensajes innecesarios, a veces provocadores, otras desconsiderados, que se diluyen cual azucarillo cuando la solvente guitarra de Markel pasea henchida (“Pride And Joy”) mientras la dupla rítmica formada por Said (batería) y Jorge (bajo) ofrece la cadencia necesaria para aproximarse al patrimonio de Double Trouble. Avanzada la actuación la incorporación de Raúl Gutiérrez a los teclados ofrece el contrapunto ideal donde el blues se desliza, seduce, y sugestiona cuerpo y mente con sollozos, con júbilos, con unos sencillos chasquidos de dedos, con el sugerente ritmo de “Crossfire”, la elegida para cerrar una intervención fluida para los cuarenta minutos concedidos. Prólogo esperanzador.

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Cuando hablamos de grunge Seattle es lógicamente la gran referencia, y Pearl Jam uno de sus principales abanderados, uno de esos tótems que perduran y que han entrado por méritos propios en el reciente olimpo cultural. Argumentos más que suficientes para reunir un buen número de seguidores en torno a unas canciones que forman parte también de tu historia particular, y hablan de tus sueños, tus necesidades, tus logros, tus odios o tus amores.  Unas primeras filas copadas de seguidores eran fiel reflejo de una atractiva cita, y entre saludos con unos y diálogos con otras el tiempo de espera se esfumó:

Salían al escenario Hugo, Iñigo, Bjorn, Aitor y Josu dispuestos a defender un repertorio sobresaliente y salir victoriosos de un envite de magnitudes casi bíblicas. Reto complicado que alguien pensará. Peliaguda faena, que otros pronosticarán. Sin embargo, la expectación creada daba muestras de que tanta gente no podía estar equivocada y que los chicos estaban dispuestos a trasladarnos en el tiempo. En proximidad de la distancia. De Seattle a Bilbao, o de Bilbao a Seattle, ¿qué más da? Un grupo de amigos que algún día soñaron convertirse en banda de rock, y que por unos minutos cambiarían su cancionero por el de Vedder, Staley, Cobain, Cornell o Lanegan en una de esas convocatorias que necesitan ser vividas y si fuese menester posteriormente narradas, porque el momento lo merece. Merece la pena sentir la calurosa bienvenida de “Corduroy”, merece la pena comprobar la evolución de la banda en “Do The Evolution” y merece la pena sentir el calor del público con el bullicioso magnetismo de “Rearviewmirror”.

Arrollador. Sugestivo. Evocador. El esplendor y la épica se unen al misterio y a la ternura cuando la voz de Iñigo sobrecoge en “Given To Fly” arropado por las elegantes guitarras de Josu y Hugo, una pareja tan sólida como la formada por Bjorn y Aitor: la pausa, la velocidad, la sencillez, la amplitud. Para aquel entonces el Kafe Antzokia era una sauna, y unas cuantas cabezas se mueven impulsivamente al ritmo de “Not For You” mientras los brazos se agitaban, los coros respondían y algunos cuerpos chocaban en el aire en el fragor de una batalla sentimental, generacional o emocional. Recuperamos energías con “Daugther”, emotiva oda donde Josu se cuelga la acústica y las dulces armonías dibujan estremecedores semblantes entre una multitud entregada no sólo a los muchachos, sino a la rica herencia de Seattle en general. Vibramos con Alice In Chains _MG_5570cuando sonaron majestuosos “Man In The Box”, “Rooster” o “Them Bones, bailamos poseídos por Soungarden y su “Spoonman”, recordamos a Nirvana en ”All Apologies”, recuperamos los orígenes con Temple Of The Dog (“Hunger Strike”) con la colaboración de Jorge, cantante de Old Days Dawn, e incluso nos conmovimos cuando una escalofriante lágrima llamada “Big Empty” sonó celestial en la soledad de un escenario duro y frágil, deferente con los ausentes e interpretada a dúo por Iñigo y James Room, una muestra de aprecio hacia Scott Weiland y por extensión a Stone Temple Pilots. Un ejercicio de honestidad que demuestra en parte una deuda moral a algunos de sus maestros, parte de nuestros héroes. Una fiesta que tenía reservada una traca final con tres perennes sones, tres radiantes soles. Precisa y preciosa “Black Hole Sun”, coral y sentida “Black”, poderosa inyección en vena donde las guitarras gimen, rugen y serenan la algarabía mientras un “too doo doo too doo doo, too doo doo too doo doo” de proporciones estratosféricas cabalga por la sala, un escalofrío difícil de olvidar y transcribir. Se ha de vivir. A modo de epílogo, “Alive”, una bella historia que resume a la perfección el carácter, la furia, la calma, las penurias o los excesos de esta debilidad llamada rock n’ roll.

Cuando hablamos de Izar & Star nos acordamos de Jerry Corral. Tacto, gusto, olfato, oído y vista… Y mucho ritmo en seis asombrosas ediciones.

Rafa Robledo

Boogie Riders

Quaoar

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