minientrada El emocionante encuentro entre Delta Saints y James Room. GRAVELROAD76


Stage Live, Bilbao, martes 10 de noviembre 2015

Cuando ves en el personal rostros sonrientes empapados de sudor una vez acabado el concierto no hay duda. La gente ha disfrutado y vibrado con los chicos. Cuando compruebas varios rostros de incredulidad sabes que nuevos fans se sumarán a la causa. Cuando te acercas al puesto de merchan y el atasco es considerable confirmas todo lo anterior.

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Cuando el brillo de los ojos de los chicos agradece tu presencia, tu labor y tu apoyo… Es rock n’ roll, sí, un sentimiento del que regularmente hablamos, compartimos y procuramos que sea compartido, una labor que obtiene una recompensa mayor que unas presiones o unos billetes que posiblemente impedirían cierta libertad y que posibilita situaciones como esta, donde descubres que las personas podemos hablar, sonreír y dialogar con sinceridad. No importa el idioma. La risa es universal. The Delta Saints son universales. Risas entre amigos que apenas se conocen y que tratan al prójimo como quieren ser tratados, compañerismo entre extraños, personas de mundos diferentes y dispares generaciones, respeto entre músicos y fans, cordialidad en minutos que no están ensayados y deberían aprovechar para recoger los bártulos, sin embargo los dedican para relacionarse abiertamente con el público y reiterar su agradecimiento. Aun conociendo este final siempre se superan y consiguen multiplicar unas expectativas altas de por sí. Grandes músicos, excelentes personas.

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Es curioso. El final lo conocíamos o al menos intuíamos, pero el desarrollo del concierto, aun siendo habituales desconocíamos por las circunstancias sabidas. El tan manido cambio de orientación en su apuesta musical o la nueva incorporación en la banda, Vicent Footz Williams. Tan sólo puedo decir que toca los tambores con el alma, dando un juego impresionante al conjunto, y como siguen de ruta por nuestras carreteras, prefiero no desvelar nada más. Un apunte. Gran personalidad y “Cigarrette”. Un tipo que conoce el lenguaje a la perfección y sabe dónde y cuándo ha de acelerar, disminuir la cadencia, sugerir… Swing. Pasión. Junto con Nate, David, Dylan y Ben se comportan como una máquina perfecta, precisos en cada momento, sinuosos, versátiles y contundentes, demostrando aplomo y un ligero aumento del espacio musical de unos brillantes marfiles que van adquiriendo mayor peso específico con sus arreglos psicodélicos, ambientes funks y detalles al más puro estilo honky-tonk. Nadie sabe su destino. El camino no es sencillo, hay que asumir riesgos. ¿Amplias autopistas o vías secundarias? Debes creer en tus posibilidades y ser constante, debes apostar, debes arriesgar, debes luchar. _MG_3231'Eso es “Bones”, y si su tratamiento en estudio no ha satisfecho a una inmensa minoría… El directo os asombrará. El embrujo del blues sigue latente, no han perdido un ápice de espontaneidad y son apreciables todavía los matices sutiles del pantano, dejando los fundamentalismos para las voces detractoras que en ocasiones no entienden de evolución. Guitarras armónicas y melosas, riffs exuberantes con fluidos delays y salvajes slides cuando Dylan y Ben se enfrentan en duelo, o el elegante groove de David, único que aguanta con los pies descalzos como si quisiera conectarse con la tierra que pisa en ese momento, porque ese es otro de sus puntos fuertes. Son chamanes, ofician sus recitales como si fuera un ritual vudú, toman tu subconsciencia y tu alma que transportan a una consciente tercera fase donde danzas, te desmelenas y cantas junto al maestro de ceremonias, Ben. De apariencia frágil, de robusta convicción. El contraste de un hombre blanco y menudo con las cuerdas vocales de un fornido hombre negro. Hipnótico, imponente, deslumbrante. Desde que comenzaron con “Sometimes I Worry” percibes el exquisito aroma de la magnolia y la homogeneidad sustancial de la lírica gospel que transmiten muchas de las composiciones ya conocidas, desde plegarias (“Pray On”) hasta júbilos (“Death Letter Jubilee”) atendiendo susurros actuales (“Soft Spoken) o concentrando emociones, éxtasis y coros entre la concurrencia en una sorprendente visión de Fleetwood Mac (“The Chain”) en los últimos compases. Contrastes de ayer y hoy. La constancia e identidad de The Delta Saints.

_MG_2975'A su favor, un estupendo cancionero concentrado en su primer álbum. En su contra, un tiempo demasiado ajustado para desarrollar la fuerza que les caracteriza, pero sabemos que son tipos con suficientes tablas y aprovecharían la oportunidad. Sabíamos que podían ser grandes cicerones de los de Nashville por su propuesta barroca y contemporánea, y que su inclusión no era de esas que en ocasiones son colocadas con calzador. Unos tipos que presentan piezas estremecedoras que si en estudio tienen argumentos suficientes para su atención en directo adquieren parámetros de crecimiento exponencial. Si, valoramos desde un punto de vista puede que subjetivo, pero puedo asegurar que en el caso que nos ocupa la objetividad prevalece, y podríamos afirmar que el misterio sigue siendo una máxima que les define a la perfección no sólo por la evidencia del nombre, sino por una actitud enigmática, discreta y sensual, con canciones adictivas cargadas de pinceladas sarcásticas y sugerentes de barra de bar. _MG_2933'James Room & Weird Antiqua tienen blues, tienen un barniz carismático, mucho shuffle y ese diablo en el cuerpo que les permite enamorar con las notas instigadoras de “Same Old Jack”, o refinados tangos como “Jailed Lion”, la epopeya de un hombre cautivo buscando la libertad física, mental o espiritual, su haiku personal. Un Mr. Gabo Browm impresionante manteniendo el compás con el contrabajo, Aitor “Malamute” sublime con la guitarra, e Iñigo López, apoyo fundamental no sólo con las percusiones, cobijan la silueta de un hombre poético, tenaz, teatral (en el buen sentido) y lírico que seduce con un simple chasquido de dedos. Para la ocasión se une al cuarteto Pablo Almaraz, brillando con su armónica sobremanera en “Deception”, la primera piedra, el primer galardón obtenido. Desde el preámbulo con “My Baby’s Gone”, el embrujo se hace notar en la concurrencia, los gritos en el silencio llegan al alma, y desde ese instante, en ese preciso instante los ojos se nublan, las lágrimas humedecen las retinas y encogen el corazón cuando consigues hablar con personas ausentes. Siempre presentes. Siempre agradecidos a James Room por los minutos de plenitud que nos regala. Siempre dispuestos.

Rafa Robledo

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