minientrada XXIII, un viaje junto a Pomeray y los Aparcabicis del Espacio (GRAVELROAD76)


“Tiempos raros, tiempos de sueños narcóticos. Fuimos magos, fuimos extraños sin cielo azul…” Una canción, un mensaje, un significado, múltiples interpretaciones. Añoranza, esperanza o por qué no, la industria discográfica. Todos conocemos la realidad por la que atraviesa, todos suponemos los motivos que le han llevado a esta situación, y quizás emitamos diagnósticos muy alegremente, aunque sigo pensando que estas estrofas con las que comienza el disco que tenemos entre manos se las podríamos dedicar a una industria que flojea cuando debería vivir su bonanza, porque el número de bandas y proyectos contrasta con la negligencia de un sector que naufraga en un mar de dudas, probablemente haya dado la espalda a los verdaderos protagonistas o tal vez no se haya aclimatado a los tiempos. Pomeray XXIIISin embargo siempre tendremos la oportunidad de vibrar con gente como Pomeray y los Aparcabicis del Espacio, a quien teníamos pendiente desde hace unos meses y no pudimos dedicar unos segundos hasta hoy. Una banda con recorrido cuyos componentes han colaborado en diferentes proyectos, vuelven a coincidir en el espacio-tiempo y deciden retomar el camino emprendido tiempo atrás bajo otra identidad. De eso trata esta nueva aventura. Del espacio-tiempo, del pasado, del futuro, del amor y desamor, anverso y reverso.

Sus inquietudes artísticas les llevan a ofrecer cuidadosas entregas como su anterior EP homónimo de 2013 acompañado de un comic o las atractivas ilustraciones que contiene este “XXIII”, una obra con contenido sonoro, visual y hasta reflexivo donde evidencian el cuidado por su material, sus seguidores y cierta nostalgia por el viejo vinilo.Pomeray Guiados por las estrofas o llevados por las melodías nos encontramos con unos tipos que utilizan gran variedad cromática en una paleta que utiliza colores primarios, vivos pigmentos o tonos cobrizos, y cabalgan entre un ayer con letras inspiradas en ese tiempo que podría haber sido mejor… o no, y un mañana plasmado en números romanos, lleno de referencias al botxo gris, industrial y hasta caótico que ha mutado en ciudad radiante, turística y hasta caótica. Seguimos con la dualidad. Un conjunto de historietas que guardan relación entre ellas y transcurren entre el órgano seductor de Martín Guevara en “Bilbao XXIII” hasta el deslumbrante saxo de Willie “Kalambres” en “Bilbao-Marte Blues”, el epílogo de un disco denso, lírico, compacto, nacido de un blues a orillas de la ría, compuesto bajo un sirimiri obstinado como el punk y facturado con la pasión del rock en las calles del Casco Viejo o en un garaje. Las urgencias de “Big Bang”, las delirantes líneas de “Delirios de un marciano neoliberal¨, incisivas como “Perro” viscerales como “Grande” o contenidas como “Zu eta ni” hablan de un trabajo homogéneo y poderoso, con guitarras efervescentes, ritmos constantes y muy correoso. Iñigo (Akatz) se suma a los mencionados y a Asier, Gontzal, Mendi y Lander que graban en los estudios Silver Sound en directo, a pelo. Todo ocurrió el otoño pasado. Cuando “Duele el otoño en Bilbao”.

Rafa Robledo

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