minientrada Glenn Hughes & Jared James Nichols. Veteranía y juventud (GravelRoad76)


Recinto: Sala Santana 27

Fecha: 9 Octubre 2015

Seguridad y confianza. Dos palabras que no dejaban de sonar insistentemente en mi cabeza esta última semana. Dos términos que describen a la perfección a Jared y al señor Hughes a partes iguales. Dos reflexiones, dos estados de cuerpo y mente en sus tres condiciones: consciente, subconsciente e inconsciente. Confianza depositada en el 27, seguridad absoluta en que ese era nuestro número, nuestra apuesta. Por tanto estábamos seguros que volveríamos a disfrutar de otra espléndida velada de Rock n’ Roll, una noche que deseábamos llegara desde el día que supimos de su celebración, aunque he de decir que por circunstancias parecía difícil nuestra presencia. Finalmente los ruegos son escuchados, así que más pasos avanzados, más estaciones, más paradas, más encuentros que nos proporciona el Rock n’ Roll, más oportunidades para poder narrar lo sucedido, más noches en el fragor de la batalla, más…

22449672_1521792687887733_4611751876568670731_nHay veces que ese más carece de importancia y poco valor tiene si eres asiduo o por el contrario te acercas por primera vez. Aquí esos estúpidos galones que en ocasiones se abrillantan con orgullo no deberían relucir. Aquí venimos a disfrutar, a entregarnos cuanto haga falta, a bailar, cantar, brincar y sudar principalmente. Y posteriormente a opinar sin sentar cátedra, obtener algún recuerdo en forma de fotografía, material del merchandising o lo que sea menester. Respetando al personal y siempre a quienes suben al escenario. Cerramos paréntesis y continuamos hablando de seguridad y confianza. De calidad. Hay gestos que uno no puede olvidar, y la categoría de las personas se mide por acciones que quedan en el terreno individual, como nos han demostrado Jared, Erik y Dennis las veces que hemos coincidido con ellos, algo que siempre subrayamos en GravelRoad76. La persona, su calidad. El carácter, su cercanía. Indudablemente vamos a sentir la garra de las guitarras y sonidos que cautivan por su energía o fragilidad, pero esa magia musical es proporcional a unos tipos que nos tienen ganados, unos chavales que tienen que seguir ascendiendo hasta conseguir su sueño, cruzar más fronteras con el Bluespower que lleva tatuado JJ en su brazo derecho y proclama a los cuatro vientos. Tienen que tener mayor repercusión. O deberían tenerla, ya que atesoran argumentos suficientes para codearse con la aristocracia del género, tienen carisma, actitud, aptitud, imagen y como ya hemos dicho es gente agradable. Previo al concierto pudimos charlar unos minutos con ellos y sus caras reflejaban alegría, tal vez Erik sea más comedido y Dennis más reflexivo, pero yo creo que eso es algo inherente al estado habitual de los chicos y en mayor medida al risueño Jared. 22467603_1521792641221071_1876540693348585529_oEntramos a la sala propiamente dicha tras el encuentro con los chicos y por el camino nos vamos cruzando con amigos con los que seguimos de parloteo, entre ellos Gorka de Noise On Tour al que le agradecemos su amabilidad y los esfuerzos que realizan, y en cuestión de minutos las notas de “Blackfoot” funcionan cual resorte entre el personal, respondiendo enfurecidos a su frenético ritmo unos, otros a los destellos de la Les Paul del león (hablando de destellos, entre la concurrencia varios componentes de formaciones bilbaínas, entre ellos Highlights) y algunos gastando carrete sin cesar (una licencia, ya sé que pasó a mejor vida) en un coto privado muy concurrido. El comienzo era prometedor, y en un momento uno siente curiosidad por comprobar los rostros de la gente apelotonada en las primeras filas. Incredulidad, asombro y aprobación en su mayoría, desconcierto e indiferencia de una minoría que miraba las agujas del reloj como si no fuera con ellos, cuando surgen las preguntas del porqué esa actitud y altanería. Pasemos página. Sigamos con Jared. Digamos que en minutos ya se había metido a la gente en el bolsillo, pongamos que su garra estaba cautivando a la gente y soltemos eso de “Can You Feel It?” que sonó espoleada por el público encendido, solicitado por Jared en sus actuaciones que alguien dirá, si, pero así sucedió. Un trío de puro nervio que ha sabido capturar sonidos del siglo XX y trasladarlos al XXI, un trío que sabe carburar y conoce el significado del lenguaje corporal. Saben cómo seducir con ritmos pegadizos (“Let You Go”), cuándo impactar con una guitarra agresiva (“Haywire”), si es el momento de bajar revoluciones y tocar fibra con “Sometimes” o la plegaria de “All You Pain” y demostrar su respeto por las viejas glorias con una brillante revisión de “Come On In My Kitchen” y una no menos “Mississippi Queen”. Sinceramente creo que muy poca gente podría asegurar que no se entregan o que mantienen una línea anodina, poca gente podrá decir que no acabó contagiada con su bluesrock musculoso, porque acabaron exhaustos tras finalizar con “Playing For Keeps”. Es cuestión de confianza y seguridad.

22449871_1521792971221038_4224604273910073060_nTras la juventud, la veteranía. El aplomo releva al arrojo, un camaleón ocupa el lugar del león. Un tipo con cuatro décadas a sus espaldas que se ha manejado entre la militancia de grandes bandas y una aventura en solitario investigando, circulando por terrenos progresivos, desarrollando líneas jazzísticas, acercándose al sentimiento soul o estructuras blues y motivado por el ritmo del funk siempre bajo el prisma de un hombre rendido a los sonidos enérgicos. Pasamos de un futuro prometedor a un pasado inolvidable (con el setlist apuntado, ya que había unos cuantos en el puesto de merchan), a “un hombre curtido en mil batallas y que sin duda es conocido y querido por dos o tres generaciones, amado por infinidad de seguidores venidos de diferentes escenas y respetado por otro buen número de bandas y músicos de otros tantos palos” como dijimos en su momento. Este era momento para disfrutar de todo este crisol de sonoridades que nos presentaba junto a Doug Aldrich y Pontus Engborg, sueco al igual que el anterior. Entre aplausos y ovaciones sale otro tridente con luz roja en el escenario, fuego en el ambiente. Pasión en una obertura salvaje y desenfrenada llamada “Stormbringer” capaz de levantarte la tapa de los sesos y experimentar la potencia de los watios en tu cuerpo, la sensación de poderío y unos agudos de vértigo por parte del señor Hughes que reclaman y logran la complicidad de un respetable entregado desde el primer minuto. Una efusiva salida donde la vitalidad de Hughes contrasta con la en principio solemnidad de Aldrich que tornaría efusiva cuando el protagonismo recaía en una guitarra audaz y flamígera, demostrando gran comicidad con su parteneire. 22459546_1521793051221030_1402884240256492118_oSalen a por todas. Saben que “Orion” atrapa con su ritmo vacilón y el contoneo vicioso de un sobreviviente termina embobando a propios y extraños. Comienzo dinámico, sin demasiados alardes escénicos pero eficaz, donde la privilegiada garganta del caballero se aúpa como estelar y la simbiosis entre el trío hace las delicias de una asistencia comprometida por la causa cuando suena rotunda “Way Back To The Bone”, una canción perenne que junto con “Touch My Life” recuerdan a Trapeze, mientras sus otras experiencias fueron también recordadas y festejadas con entusiasmo, subrayando de entre ellas tal vez una épica “Mistreated” que posteriormente centrara los comentarios dada su extensión, un “Sail Away” categórico y delirante y la belleza crepuscular de “Good To Be Bad” donde el señor Aldrich, al igual que el entreacto de lucimiento personal siguiendo los patrones del género continúa con su particular repertorio de riffs, solos y poses. Y mientras el resto de compañeros cogen oxígeno, otro solo, el de los tambores. Atronador. Minutos encorsetados que particularmente me resultan excesivos y pueden disminuir  el nivel de la actuación, aunque para elevar esa sensación estaban los minutos finales. Sublimes con “Black Country” y la aparición de nuevo de Deep Purple con “Burn”. Incendiario. Un bajo sobresaliente, una voz lírica y potente, una guitarra extraterrestre y una vigorosa batería que hicieron las delicias del público en las casi dos horas que estuvieron dando cera, como colofón al primer aniversario del Metal Fever. Cuestión de confianza y seguridad.

Rafa Robledo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s