Crónica de Julián Maeso Grupo, Kafe Antzokia 18-12-14 “heart & soul”. GravelRoad76


JULIÁN MAESO GRUPO

Kafe Antzokia 18 diciembre 2014

Uno se afana en describir de la mejor manera posible las experiencias vividas, las emociones que provoca una noche de Rock n’ Roll, e intenta contagiar esa pasión por medio de las palabras. Hay veces que las ideas están muy claras y el vocabulario fluye de tal manera que resulta sencillo. Por contra, hay ocasiones en las que el cerebro se encuentra bloqueado. Hoy es uno de esos días. Todavía estamos navegando por nubes de tranquilidad y continuamos inmersos en el amplio espectro de sonoridades e intensidad que degustamos el jueves, el background de un hombre que ha capturado el carácter del groove, del funk, exprime con dulzura los famosos doce compases, juega con la sensualidad del soul y aborda con ímpetu los terrenos más rocosos, armonizado por una profunda voz nasal y bellos juegos vocales propios y de sus partenaires.

22289910_1512579415475727_6896774769568573551_oRebobinemos en el calendario hasta agosto, no sólo por la temperatura (aunque no nos podamos quejar de estación otoñal) o el tiempo de ocio. Hablemos de las casualidades. Despedida de Aste Nagusia en una Plaza Nueva donde se reunían unos cuantos amigos que nos hicieron disfrutar y babear de lo lindo. Unían sus fuerzas Travellin’ Brothers en su formato Big Band con Dan Cabanela, Francisco Simón, Marcos Coll y Julián Maeso. Curiosidades. El jueves el espacio tiempo hacía coincidir a los primeros y al último en el mismo lugar, con la salvedad de unos metros de distancia que forzaban a la elección. Por una parte, la fiesta estaba garantizada con los vizcaínos y su Christmas Special en el auditorio de la UPV. Por otra, la versatilidad del toledano en la intimidad del apartado superior de Kafe Antzokia. Dos propuestas similares en esencia. Travellin’ Brothers es una de esas bandas ya visitadas unas cuantas veces y en sus diversos formatos, y por otra parte teníamos a Maeso, que aún siendo una cara conocida por su trayecto junto a Sunday Drivers, MClan, o Quique González por ejemplo, desconocíamos cómo se desenvolvería en su faceta individual, por lo que la balanza se inclinaba a su favor. Teníamos ese pálpito. Sus dos trabajos eran un reclamo demasiado atractivo como para dejar pasar la oportunidad. Dos historias. Una apuesta. Cogimos un billete hacia Saturno y…

22219970_1512580815475587_5513925792626194100_oLiteralmente volamos. Soñamos con su exquisitez musical desde el primer acto de la noche, con un Hammond catalizador, protagonista, sensual, sugestivo. Las cimientos de “Dreams Are Gone” hacen la labor de bienvenida vía “Will You Be Free” en un recinto que poco a poco se iría caldeando, un público que supo agradecer en todo momento las emociones que transmiten sus composiciones. Prácticamente sin respiro el slide de “Leave It In Time” obliga a seguir su ritmo con la cabeza, los pies y hasta algún grito furtivo se oye cuando intercambian protagonismo las cuerdas afiladas de Pere Mallén y las teclas de Maeso. Volvemos a los 70’, podríamos decir que estamos en la ciudad de los rascacielos escuchando los sonidos que brotan de sus calles y barrios. Harlem, Bronx, Broadway, Queens, Soho, Brooklyn, Manhattan… sonidos que no entienden de razas, música que sale del alma y se interpreta con el corazón de sangre caliente. Roja. Todos la tenemos roja.

22279797_1512581082142227_1130402243317285960_nUn hombre que se muestra cauto y con cierta timidez cuando habla con el público o presenta “We Can’t Keep On Waiting For Good Times To Come” con su correspondiente traducción, la conexión entre el este y el oeste, un viaje que recorre innumerables influencias en su hoja de ruta (al menos es mi sensación). Cabalgan entre los dos discos y a mitad de concierto lo hacen a lomos de los caballos salvajes de los Stones vistos por Leon Russell; la versión versionada  de la versión, tras la que el olor a tabaco y alcohol aparece con la chulería tabernaria de “Get Ready, Get Strong”. Estábamos ante un recital en toda regla, la demostración empírica de que en las distancias cortas los artistas ganan enteros, se nota la complicidad, el entusiasmo, donde sobran los destellos de grandeza y se captura la esencia. Si mal no recuerdo en la funky festivalera que da título a su segundo disco (donde los coros femeninos de estudio son reemplazados con gran acierto) nuestro amigo Julián sube el amplificador del bajista Paco Cerezo haciéndonos vibrar con su enloquecedor ritmo, mientras su compañero en la base rítmica, Gonzalo Maestre, le seguía el juego a la batería.

Lo que bien empieza… acaba fenomenal. Finalizar con un recuerdo hacia Steely Dan aparte de ser algo inusual, muestra la clase de personajes que te puedes encontrar si acudes a sus conciertos, tipos enamorados de la música que seducen por su compromiso, tipos sencillos que transportan sus instrumentos (si alguien conoce la zona superior del Antzokia y se pregunta cómo subieron el Hammond aquí tiene la respuesta), que se afanan en conseguir una sonrisa por parte del público, un aplauso de agradecimiento, o que consigas desconectar durante unos minutos y disfrutar, bailar o cantar merecen, como mínimo, un poco de atención. Nosotros mientras podamos, volveremos. “Do It Again”. Eléctrico epílogo. Final embriagador.

Rafa Robledo

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